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CONFESIONES

 ReVista OjOs.com    JUNIO DE 2017

 

Fernando Guinard por Darío Ortiz

Fernando Guinard

Fernando Guinard por Fernando Maldonado

Teterados para los mojigatócratas, creyentes y popólítícos

 

 

Soy un visionario como el Marqués de Sade.

 

No tengo dinero y solo puedo brindar mi líquido vivificante a los mogigatócratas, a los creyentes y a las anorgásmicas.

 

Dios los bendecirá con suma munificencia.

 

No soy un aristócrata como Claudio, Justiniano, Heliogábalo, y como todos aquellos que han gobernado este país para convertirlo en el más corrupto en la historia de la humanidad.

 

No me gustan las mujeres como Valeria, Mesalina, Escila y Teodora, y las damas de compañía de los señores con poder.

 

Simpatizo con las ideologías liberales pero no con los popólítícos que las prostituyen. Y simpatizo con los representantes de izquierda y los progresistas que deben de aliarse para tumbar a esta clase gobernante que nos ha desahuciado y que todavía no ha logrado eliminar el espíritu analítico ni la percepción de la realidad.

 

Es necesario unirse para extirpar este cáncer eterno. A pesar de que piensen que son indispensables. Y a pesar de que soy consciente de que hablar de políticos honrados es un contrasentido, pienso, como la mayoría de los colombianos, sensibles, analíticos e inteligentes, que hay que reivindicar algunos políticos a quienes han querido aniquilar con procedimientos poco éticos. Un listado o una coalición que integre a Gustavo Petro, Efraín Cepeda, Aida Avella, Jorge Enrique Robledo, Antonio Navarro Wolf, Sergio Fajardo, y Claudia López, que es más valiente que muchos machos que andan encaramados en el poder gracias a los nutrientes de los órganos reproductivos de los jefes.

 

Tuve una pesadilla: unas brujas burócratas, anorgásmicas y caníbales -de esas que dicen que soy vulgar y pornográfico- bebían teterados de nutrientes con el objetivo de descretinizarse. Y con espíritu de locas devoraban a mi mejor amigo. ¡Despiadadas!

 

Mi gran amigo, como la cobra egipcia, simboliza la inmortalidad. Y es la delicia de las creyentes que asisten a la Iglesia del Sol Naciente y dejan sus sobres cerrados con sus diezmos que ayudarán a despertar su libido defectuosa.

 

Soy tan proteico que los zánganos se alimentan de mi leche vivificante.

 

El poeta Rafael Alberti escribió sobre su amigo Picasso:

 

Siempre es todo ojos.

No te quita ojos.

Se come las palabras con los ojos.

Es el siete ojos.

Es el cien mil ojos en dos ojos.

El gran mirón

como un botón marrón.

Y otro botón.

El ojo de la cerradura

Por el que se ve la pintura.

 

Siempre que visito al maestro Fernando Maldonado y a su esposa, me atienden con mucho cariño, me brindan manjares exquisitos, y su amistad tan querida.

 

Y salgo regalado con buenos libros. La penúltima vez me obsequió La biografía no autorizada de Julio Mario Santo Domingo, publicada por Grijalbo, escrita por el cucuteño Gerardo Reyes.

 

Y me heredó cien libros de Pop Porn, con los bellos dibujos que realizó para acompañar ese proyecto suicida del MaReA, como lo calificó el poeta Carlos Castillo Quintero. Un saldo que nunca pudo distribuir por sus compromisos académicos que exigen actitudes extracurriculares políticamente correctas.

 

Y me despidió con dos ediciones de la revista El Malpensante, números 179 de octubre de 2016 y 184 de abril de 2017.

 

En la edición No 179, octubre de 2016, pude leer un delicioso ensayo de Carlos Granés (Bogotá, 1975), sobre la obra ensayística de Mario Vargas Llosa y sus secretos íntimos donde se puede leer: “Curtido en el uso eficaz de herramientas literarias, interrelaciona historias distantes usando vasos comunicantes, experimenta con los puntos de vista del narrador, oculta y revela los datos fundamentales de la historia, a la experiencia vivida añade la soñada, y juega con el tiempo y el espacio para reunir en un mismo plano el aquí y el allá. . .

 

“ .  . . Basta hojear los tomos que reúnen sus escritos de no ficción para comprobar que todo cuanto acontece en el mundo contemporáneo pasa por su escrutinio. No solo la actualidad política, también las ideas que orientan o desorientan al mundo, los hechos que lo desmoralizan o lo mejoran y las manifestaciones culturales que lo engrandecen o lo degradan. Esos son los temas primordiales de los que se ocupan sus ensayos y columnas –la literatura, el arte, el erotismo, la imaginación, las ideas y la política– porque también son temas primordiales que nutren sus ficciones. Pero hay una gran diferencia entre sus novelas y sus ensayos. Si en las primeras vemos la materia humana emergiendo en toda su bestialidad, en los segundos predomina una inteligencia sensible a la discusión académica y al debate de ideas intentando comprender como se forman esas pasiones, por qué y para qué se escribe sobre ellas y que impacto tiene lo escrito en la vida y la sociedad.”

 

Y no sabía que Fidel Castro encarceló al poeta Heberto Padilla por las supuestas críticas contrarrevolucionarias refundidas en uno de sus libros.

 

“. . . fue Bataille quien le mostró que había una incompatibilidad inherente entre una actividad imaginativa, pulsional e individualista como es la escritura, y un sistema fundado en ideas racionales y colectivistas como el socialismo.

 

“. . . el segundo de sus ensayos literarios de largo aliento, La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bobary, en el que no solo analizaba con maestría la obra de uno de sus escritores favoritos, sino que aprovechaba el caso de Enma Bovary para reordenar sus ideas y vislumbrar nuevas formas de rebelión. En la peripecia de Emma, Vargas Llosa veía un claro desafío a las convenciones sociales y un acto de de insurrección más afín a lo que desde entonces identificaría como el poder sedicioso de la literatura. . .

 

 “La literatura surgía de la insatisfacción de un individuo y promovía la insatisfacción de los lectores. . .

 

“La literatura, dice Vargas Llosa, ““es un cuestionamiento radical del mundo en que vivimos””. Nutre el espíritu crítico y robustece la subjetividad individual. En su ausencia o con su banalización, se reblandecen las defensas contra el poder y se pierden reflejos ante los intentos por conculcar las libertades.

 

Y dejo para el próximo número la lectura exhaustiva del homenaje que Joaquín Robles Zabala (Cartagena, 1969), -escritor y columnista a quien sigo y admiro por su valentía y rigor literario- realizó a Germán Espinosa, autor de La tejedora de coronas.

 

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