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CONFESIONES

 ReVista OjOs.com    NDICIEMBRE DE 2016

 

Fernando Guinard por Darío Ortiz

Fernando Guinard

Fernando Guinard por Fernando Maldonado

 

URIBEDEICIDIO

 

Murió en la soledad y en la olla, "en ceros" -como dijo Julio Sánchez Cristo en La W Radio-, una de las glorias del arte colombiano, el gran director, actor y excelente persona, Pepe Sánchez. Y lógico, sin pensión de jubilación, gracias al desagradecimiento que siempre ha mostrado la clase popólítica colombiana con los héroes de las grandes batallas del arte y de la vida.

 

En la civilización actual la reina es la jugosa corrupción que soborna a las élites popólíticas cínicas y sin ética que se camuflan entre los áulicos sumisos y cómplices.

 

Hasta la sal esta corrompida. Y  hay que tratar de cambiar a los jefes de estas bandas criminales.

 

La vida da muchas vueltas.

 

Y a cada cerdo le llega su Nochebuena.

 

Decía el exiliado Gabriel García Márquez: Para que no sigan contaminando al mundo con la peste de su indignidad.

 

No leo periódicos ni revistas impresas por solidaridad con el planeta.

 

Siento mucha tristeza por la mayoría de periodistas y columnistas que agachan la cerviz  para lamer los sexos de sus verdugos.

 

Veo Noticias Uno; Pregunta Yamid; y GPS, programa que rescata el buen periodismo y reconoce con buenas crónicas y simpáticos presentadores diferentes aspectos de  la cultura.

 

Leo en internet a los maestros Alfredo Molano Bravo, Antonio Caballero, Daniel Coronell, León Valencia, Cecilia Orozco Tascón, Gonzalo Guillén, Ramiro Bejarano Guzmán, Yohir Akerman, Juan Gabriel Vásquez, Lisandro Duque Naranjo e Iván Gallo.

 

Oigo en la madrugada al maestro Julio Sánchez Cristo, Camila Zuluaga, Félix  de Bedout, y Juan Pablo Calvás, que  informan con bastante profesionalismo y profundidad los acontecimientos que hacen historia.

 

Y apenas escucho a la señora María Isabel Rueda, se acaba la dicha.

 

Y no leo ni escuchó ni veo nada más porque las noticias son exprimidas y se convierten en una contaminación mental repulsiva.

 

Cada vez que escucho el apellido Uribe es como si me dieran un mazazo en el cerebro.

 

Pienso que quienes lo cargan fueron concebidos sin amor, sin seducción y llevan en sus genes los estertores del mal.

 

El recuerdo  más lejano que tengo de un Uribe es el de un compañero de colegio, dos años mayor que yo, que era muy buen futbolista. Un día, para no llegar tarde a la división que manejaba con rigor militar el hermano Becerra, alias Chicho, tuve que correr cien metros de puta madre y aplastarme acezante en el pupitre. Y el tal Uribe me decía, torciendo la jeta, que no acezara tanto.

 

También me recuerda al más fatídico presidente que ha parido la historia de la humanidad. Por su culpa perdí mi pensión de jubilación. Pero esto es lo de menos.  Introdujo a la mafia en las instituciones sagradas de la patria y las convirtió en una vergüenza mundial.

 

Un día de visita en el estudio del pintor neorrealista Darío Ortiz Robledo, hablábamos de posibles participantes en un proyecto editorial de mi autoría. Y con la complicidad y sencillez  que caracteriza al amigo Darío, me recomendó contactar al pintor Nicolás Uribe, me dio su número telefónico, y lo llamé de inmediato. Muy atento me dio una cita para el día siguiente en horas de la tarde.

 

Y yo, como siempre tan cumplido, estuve en su apartamento a la hora señalada. Y no llegó ni tuvo la decencia de cancelar la cita. Le dejé con el celador, una nota, mi tarjeta donde estaban todos mis datos y dos libros de regalo.

 

Y el caballero nunca rebuznó.

 

Ahora que la prensa informó del suicidio del celador del edificio del ilustrísimo secuestrador, violador, torturador y asesino, el doctor Rafael Uribe Noguera, perteneciente a una de las más familias más “distinguidas” de Bogotá, puedo suponer que el señor celador no le dio ni los libros ni mi tarjeta al maestro Nicolás.

 

Entonces podría ser inocente de mantequería el gran maestro. Esta enfermedad es producida  por los malos hábitos alimenticios que no proveen las endorfinas que estimulan la decencia y la alegría.

 

Sé que el poder poco dialoga conmigo, me ignora, intenta eliminarme, pero sigo ahí, con mi furor momentáneo y mi espíritu de lucha que me salva del desaliento y la aflicción.

 

Si Trump mandó a la mierda a los grandes medios de comunicación, porque yo no puedo odiar a los Dráculas criollos que se alimentan de la linfa y cobran sus sueldos por robar a los habitantes de un país enfermo de muerte.

 

Soy el único director de museo que ha tenido el premio de la obscenidad y que ha visto a la virgen María desnuda y excitada hasta la locura.

 

Se me apareció de nuevo y me dijo que estuviera tranquilo, que un museo fundado por una aparición divina tiene más fundamento que cualquier otro.

Pepe Sánchez.
Imágen tomada de: www.elcolombiano.com/

 

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