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CONFESIONES

 ReVista OjOs.com    ABRIL DE 2017

 

Fernando Guinard por Darío Ortiz

Fernando Guinard

Fernando Guinard por Fernando Maldonado

ISMAEL OLABARRIETA

La libido palpitante.

 

 

 

Se largó, el 19 de febrero de 2017, a los 75 años, el maestro Ismael Olabarrieta (Mar del Plata, Argentina,

31-XII-1941 - Ecuador, 19-II-2017)

https://www.youtube.com/watch?v=FmkyM_7ACeM

https://www.youtube.com/watch?v=D-c5n2B2agI

http://www.museoarteeroticoamericano.org/olabarrietaismael.html

https://www.youtube.com/watch?v=1k-YCYcJi20

 

Ningún medio de comunicación informó sobre la amarga noticia para las artes plásticas. Vivió sus últimos años en Ecuador, el país donde más apreciaron su trabajo los amantes del arte sensibles a los espíritus del erotismo, la fiesta, la alegría y la noche con su manto de prostitución y licores que despiertan la libido palpitante.

 

Su obra se encuentra en casas de coleccionistas sin taras con ojos bien atentos que sienten gran placer al contemplar sus obras impregnadas de licores espirituosos y humo. Y en las buhardillas de poetas, pintores, cómplices, amigos y habitantes de la noche.

 

Fue un incansable artista errante, dibujante, pintor, grabador y serígrafo. Trabajó en varios talleres de gráfica y expuso en innumerables galerías de Europa y América. Practicó y combinó las técnicas del grabado y la estampación, pintó y dibujó con lo que tuviera a la mano: carboncillo, grafito, acrílico, óleo, tinta, acuarela, vinilo, café, Coca Cola, sangre, mocos.

 

Su primera exposición en Colombia la realizó en 1966, en el Centro Colombo Americano de Cali y continuó su periplo por Barranquilla, Maracaibo, Valencia, Caracas, San José de Costa Rica, Ciudad de México, París, Biarritz, Múnich, Stuttgart, Heidelberg, Madrid, Santander, Bilbao, San Sebastián, Barcelona, Ibiza, Berna, Leipzig, San Juan de Puerto Rico, Bogotá, Quito, Cuenca, Loja, Guayaquil.

 

Tuve la oportunidad de trabajar con Olabarrieta  en los  talleres de grabado que tuve en Bogotá y compartir su gran talento para plasmar la libertad, la bohemia y el desprecio a todas las convenciones.

 

Tenía en mi archivo todos los textos críticos escritos por curadores, conservadores, comisarios y  escritores. Y también tenía algunos textos banales escritos por lagartos y farsantes.

 

Y por estúpido los presté a un gestor cultural y curador que los desapareció como por arte de magia.

 

Sin embargo logré salvar un fragmento del texto que Marta Traba escribió en el Magazin Dominical del periódico El Espectador el 25 de mayo de 1960 que dice así:

 

"Periódicamente, los dibujantes nos salvan de la fatiga compulsiva a que nos somete la pintura y la escultura.

 

Ambas corren obstinadamente una carrera de invenciones y transgresiones; la pintura quiere ser escultura, y la escultura, pintura: incursionan en la ciencia y la tecnología, la propaganda y los medios publicitarios, burlándose, o endiosándolos alternativamente.

 

La introducción de movimientos, luz y sonido, refuerza su carácter transitorio y su desprecio por la eternidad; derivan de la máquina y desafían cualquier pragmatismo: la eternidad se bota al basurero como una idea caduca que debe ser remplazada por la novedad, lo excitante y lo improvisado, pero se le concede a un tubo de neón o a un montón de polvo y cenizas situados en mitad de un espacio, un valor místico que desafía cualquier concepción inmanente.

 

Hay algo de automatismo en casi todos los grandes dibujantes de mano libre que van llenando el papel irremediablemente, como si los dibujantes fueran medios de un mundo perdido y naufragado que ya no parece tener razón de ser, del mundo de ideas y sentimientos humanos. Lo más conmovedor y sólido de los buenos dibujantes es esa condición de sobrevivientes.

 

El argentino Olabarrieta es un hombre mudo que dibuja como un poseído un mundo extraordinario que sólo existe por su testimonio.

 

En este juego público, que asume cada vez las características de un apocalipsis colectivo, los dibujantes son los ermitaños, en el desierto".

 

Y perdí el texto donde Marta Traba lo calificaba como uno de los tres grandes dibujantes con Juan Manuel Salcedo y otro cuyo nombre se me olvidó.

 

Y percibo que todas las notas de prensa y páginas reproducen los contenidos publicados en el portal del MaReA.

 

Su padre fue un poeta vasco y su primera esposa, Josefina Dunn, le dio dos hijos en el mismo parto. Luego se enamoró de María, una colombiana que tenía una hija bellísima y se fueron a vivir a Cajicá, un pueblito cercano a Bogotá. Y le serví de fiador cuando yo todavía era una persona que podía fiar a los amigos, y sucedió lo inimaginable, no quedó mal.

 

Y me presentó al escultor chileno César Vásquez, una belleza de persona quien había huido de la dictadura del asesino Pinochet y terminó disparándose un tiro por motivos que desconozco.

 

Y después Olabarrieta  se largó a Quito, Ecuador, con su nueva compañera, Claudia Otero, con quien tuvo a su hija Roxanna. Y allí tuvo buenos amigos como el ex director de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, el escritor Raúl Pérez Torres a quien le realizó una portada para su libro de cuentos Los últimos días del bolero.

 

Y a Quito llevó la idea de realizar la versión ecuatoriana del libro El Espíritu Erótico y con la complicidad de su amigo Omar Ospina García, y Dinners de Ecuador y su filial Dinediciones, publicaron Ars Erótica El erotismo en el arte y la literatura del Ecuador con “trozos de poemas, fragmentos de novelas y cuentos, algunos dibujos, esculturas y óleos – de la producción erótica del arte y la literatura del Ecuador”. El prólogo fue de Omar Ospina. Publicaron en el libro los textos Entre Eros y Thánatos de Hernán Rodríguez Castello y En torno a un oculto erotismo de Javier Ponce. E Ismael fue la vedette del proyecto editorial: Portada interior, con la obra Sensaciones, y tres páginas dobles, dos con obras de la serie: Saunas y una Orgía; dos obras de la serie Balcones de 1994, y Trópico de Capricornio, 1994.

 

Y cuando estuvimos en la Exposición MaReA en Quito, en 2004, el maestro Olabarrieta nos contactó con el gerente de un hotel de cinco estrellas que nos dio la dormida durante cinco días.

 

Y toda la aventura de esta exposición se puede ver en: http://www.museoarteeroticoamericano.org/mareaenquito.html

 

Y en Quito su ex compañera Claudia Otero nos regaló la obra que tenemos en la actualidad en el Museo de Arte Erótico Americano MaReA, la tenía detrás de un sofá y le causaba escozor, no supe nunca al fin si era por la temática o por que le recordaba a su ex amor.

 

Y en Quito apareció un pintor chileno estafador que iba a comprar algunas obras, nos invitó a pernoctar en su casa y nos atendió con suma munificencia . Y a la hora del negocio no había ni un dólar pero tenía unos rubíes, grandes que "valían mucho dinero". Y después de muchos años cuando se necesitaba el dinero para comprar aguadepanela, arepas y otros alimentos, resultaron más chimbos que los popólíticos latinoamericanos. Menos mal que la maldición le cayó en muy buen momento pues el chileno con el dinero adquirido al vender las obras que nos había tumbado, se consiguió una mocita que invito de luna de miel a Madrid, España. Y cuando esperaba feliz en la habitación para penetrarla con su lujuria congénita, se quedó con el falo alborotado pues la muchacha se le abrió.

 

¡Maldición gitana!

 

Y la última vez que lo vi fue en una visita que realizó al MaReA hace algunos años cuando estuvo de paso por Bogotá para pernoctar en casa del amigo Keko.

 

Y este miércoles 19 de abril de 2017, la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión de Quito, realizará, en la Sala Miguel de Santiago, una exposición en honor del maestro.

 

Y lógico, el maestro no estará presente. Y recuerdo que a finales de la década del ochenta cuando residía en Bogotá, decidió viajar a Mildenberg, y sus amigos de parranda organizamos una fiesta de despedida, y Olabarrieta fue el único que no asistió.

 

Descanse en paz, querido amigo anarquista.

 

Genio y figura hasta la sepultura.

 

Ismael Olabarrieta

Ismael Olabarrieta de visita en el MaReA
Foto: Fernando Guinard

Roxanna Olabarrieta (hija) en la exposición del MaReA en La Casa de la Cultura Ecuatoriana. Quito, 2004.
Foto: Fernando Guinard

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