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CONFESIONES

 ReVista OjOs.com    FEBRERO DE 2017

 

Fernando Guinard por Darío Ortiz

Fernando Guinard

Fernando Guinard por Fernando Maldonado

GENTE DIVINAMENTE BIEN

 

Un año más de vida y otro menos por vivir, sin pensión de jubilación por culpa del maldito del Ubérrimo y su banda de buenos muchachos.

 

Y ya son 37 años en el mundo del arte que me ha permitido conocer artistas maravillosos, inteligentes y  buenas personas de quienes he aprendido muchos de los secretos del que hacer creativo.

 

También he tenido la desgracia de conocer artistas, burócratas, gestores, periodistas culturales, críticos,  curadores y reducidores que son como la mayoría de los popólíticos de todas las geografías y épocas: farsantes, bandidos, oportunistas, cínicos, fantoches, insensibles, que cacarean como gallinas cluecas y maman de la teta oficial como lo hacían las meretrices en los templos y palacios de las cortes de los faraones, emperadores, reyes y empresarios de todas las geografías.

 

Y veo que los señores empresarios, popolíticos y funcionarios de las instituciones más importantes de la patria se  roban el dinero de los colombianos que ocultan en paraísos fiscales e invierten en viajes ostentosos por el mundo acompañados de sus rameras.

 

En Colombia y en el planeta están presentes los elementos característicos de la historia de los burdeles desde sus comienzos: intereses inmobiliarios y religiosos, política y crimen y, a partir de ellos, guerra, conspiraciones y traiciones. Un burdel que refleja la cultura de la época y la sociedad.

 

Hay prostitutas en el poder en cuyas manos está la suerte de las naciones. Y reinas del espectáculo y de la burocracia que aspiran tener su propio burdel.

 

Los patrones y amos representan un muestrario humano significativo: empresarios, capitalistas salvajes y asesinos, estrellas de televisión, pastores, curas y creyentes alienados, caballeros y bastardos, banqueros, lacayos y chulos.

 

Todos los pueblos en la historia de la humanidad han convivido y financiado la putería: chinos, fenicios, egipcios, judíos, sumerios,  babilonios, griegos, romanos, franceses, españoles.

 

Rajab, una puta de Jericó, traicionó a su pueblo y salvó su vida cuando Josué y sus tropas “destruyeron por completo todo lo que había en la ciudad, incluyendo a sus hombres y mujeres” 1; todo a excepción de Rajab y sus parientes. La matanza indiscriminada de los habitantes de las ciudades conquistadas era una tradición milenaria.

 

No existían los falsos positivos ni las desapariciones forzadas.

 

Josué se casó con la putica Rajab y fueron los antecesores de Jeremías, Huldah  y Ezequiel, entre otros profetas. Como todos los grandes precursores Josué tenía intereses inmobiliarios y profesaba un fervor religioso muy exitoso que se complementaba con la guerra, el espionaje, la conspiración, la traición y la correspondiente masacre.

 

La avivata Tamar robó a Judá sus joyas y posesiones, le engañó, quedó preñada y  le regalo dos gemelos: Farez y Zara.

 

Judá, el hijo de Jacob, se casó con la hija de un cananeo llamado Súa, que le dio tres hijos: Er, Onán y Selá. Er desposó a Tamar, pero murió sin tener heredero. Onán se casó, después de la muerte de su hermano, con la viuda Tamar, según la Ley del levirato, pero debido a esta ley, los hijos engendrados no serían suyos, evitó la consumación del matrimonio y fue asesinado. Judá pidió a Tamar que se quedara en la casa de su padre hasta que el hijo menor Selá cumpliera la mayoría de edad para poder casarse con la dama.

 

En el siglo X a.C., el rey Salomón tenía setecientas esposas, trescientas concubinas;y un establo con cuarenta mil caballos.

 

En el cuarto milenio antes de Cristo, los sacerdotes sumerios dirigían un templo-burdel en la ciudad de Uruk.

 

El templo Kakum, dedicado a la diosa Ishtar, lasciva hija del dios principal Anu, albergaba a mujeres de tres niveles que participaban en los ritos sexuales, administraban el santuario y atendían a los visitantes. Combinaban la religión con la fornicación.

 

Las babilonias debían visitar, por lo menos una vez en la vida, el templo de Mylitta donde se exhibían para conseguir amantes.

 

Los templos eran  mercados de esclavas putas y los ingresos eran para los dueños de los templos.

 

Y las rameras eran las cómplices de los poderosos y engendraban sus hijos para dar una mezcla explosiva que ha dominado por siempre a los pueblos: poder y putería.

 

Mezcla letal.

 

Los faraones egipcios construyeron las pirámides con recursos obtenidos con la prostitución y Keops fue el gran beneficiario.

 

El faraón Amasis, mecenas de las artes,  se enamoró de la esclava Ródope.

 

Las cortesanas griegas disfrutaban de un estatus especial en la sociedad egipcia. La mayor parte de las rameras del templo eran mujeres provenientes de otras tribus a las que se había forzado a servir como esclavas.

 

Los templos-burdeles egipcios eran el centro de la vida de la comunidad. Combinaban elementos religiosos, sexuales y comerciales y estaban decorados con esculturas, frescos, piedras preciosas y trofeos conquistados a los enemigos derrotados.

 

El templo de Afrodita Porne en Corinto, el segundo puerto más importante de Grecia, alojaba mil mujeres que atendían a los marineros. Los ingresos del templo  sostenían las guerras que la ciudad mantenía con Atenas. Y contribuía al establecimiento de colonias en las costas del Adriático.

 

Los griegos, grandes en el arte y la ciencia crearon el primer burdel municipal. En el siglo VI a.C., Solón, el gran estadista, consideraba que la influencia de las mujeres era perniciosa. No consentía que hubiera esposas ricas; se prohibió que las novias aportaran a las casas de sus maridos más de tres mudas de ropa. Y todos los burdeles pasaron a control estatal.

 

Solón confiscó edificios para convertirlos en dicteria. Se obligo a llevar vestiduras especiales y se les prohibió tomar parte en los oficios religiosos. En el exterior de las casas colgaban símbolos fálicos tallados en piedra o pintados para identificarlos.

 

La preocupación de Solón eran los ingresos fiscales. Cualquiera que pagara el impuesto estatal –el pornikotelos o impuesto sobre la prostitución- tenía derecho a abrir su propio dicterion. Como ahora siempre había crisis fiscal y las mujeres tenían prohibido salir de los límites de la ciudad si no enviaban un depósito como garantía de que regresarían a su trabajo.

 

Estrabón, geógrafo y dramático señalaba: el templo de Afrodita era tan rico que poseía más de mil esclavas, cortesanas que hombres y mujeres habían ofrecido a la diosa. Y, por lo tanto, también se debía a estas mujeres el que la ciudad estuviera abarrotada de gente y se enriqueciera; los capitanes de los barcos derrochaban su dinero en ese lugar. 2

 

Las cortesanas de élite influían en las vidas de estadistas, generales y artistas. Sócrates disfrutó de su compañía en el siglo V a.C. La más famosa fue Aspasia, la amante de Pericles (siglo V a.C). Su encanto e inteligencia le permitieron ascender en la escala intelectual y se convirtió en la consejera política más importante que gestó muchas de las guerras de Atenas.

 

En el siglo IV, la famosa Friné amasó una gran fortuna y cuando tuvo problemas con la justicia se ofreció a pagar la reconstrucción de las murallas de Tebas con la condición de que pusieran la siguiente inscripción: “Destruidas por Alejandro, restauradas por Friné”.  Inició la tradición de la "buena prostituta". Frine posó para el gran retrato de Afrodita Anadiomene realizado por Apeles.

 

La hermosa putica, Lais de Corinto (Siglo IV a.C.),  fue amante de Apeles y Demóstenes. Multitud de pintores y escultores deseaban que fuera su modelo. El viejo Mirón la convenció y al verla desnuda le ofreció todas sus posesiones si se lo daba y amanecía con él.  Y nada con él, pero si se lo daba a muchachos pobres pero bonitos. Amasó una gran fortuna. Al popólítico Demóstenes le cobró una gran fortuna por un polvo y a Diógenes se lo dio gratis porque gozaba de lo lindo cuando tenía a un filósofo arrodillado y a su lengua enloquecida con su demonio rosado.

 

Los viajeros ricos viajaban acompañados de rameras y cortesanas. El rey Demetrio Porliorcetes, cliente de la hetaira Lamia, alojó a todo su séquito de danzarinas y putas en el Partenón.

 

Corinto fue la ciudad que más burdeles tuvo y las putas eran propietarias de las casas más lujosas.

 

Las prostitutas romanas estaban inscritas en un registro policial, llevaban vestimentas especiales, se les exigía que se tiñeran el pelo o que llevaran peluca rubia.

 

Se debe a los griegos el paso del burdel como institución religiosa a institución regulada por el municipio. A los romanos hay que reconocerles el merito de haber creado la primera cadena internacional de prostíbulos.

 

Y ahora si entiendo porque el espíritu de los popólíticos es tan desastroso. Son hijos del poder y la putería.

 

 

1 Murphy, Emett, Historia de los grandes burdeles del mundo. Ediciones Temas de hoy, 1990.

2 Murphy, Emett, op.cit.

 

Representación romántica del arreglo de Tamar y Judá; por Horace Vernet, Wallace  Collection, Londres.

Tamar engaña a Judá para quedar embarazada. Representación barroca de un pintor anónimo holandés del S. XVII. Residenz Galerie, Salzburgo.

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