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CONFESIONES

 ReVista OjOs.com    OCTUBRE DE 2016

 

Fernando Guinard por Darío Ortiz

Fernando Guinard

Fernando Guinard por Fernando Maldonado

EL LABERINTO DEL ESPÍRITU DEL EROTISMO

 

 

"Un saludo al Museo Arte Erótico Americano donde la magia, la sensualidad,

el pensamiento y el amor confabulan para ser deseados y transformados".
Catalina Díaz

 

 

Creo que al fin voy a realizar, antes de que la señora muerte me cobije con su manto de ternura,  la gran exposición de El Espíritu Erótico del Museo Arte Erótico Americano MaReA, el primero de América.

 

No en vano resucité y me convertí en un Drácula criollo que monta en bicicleta los días de fiesta y se azota contra el pavimento por culpa de los calapies obsoletos. Y gracias al casco protector que protege la cabeza todavía estoy vivo, pero mis rodillas y codos son del color de los ojos de los marihuaneros.

 

Mis amigos curadores y asesores me dicen que pase proyectos a instituciones públicas y privadas.

 

Y escribo a la Cámara de Comercio y al Museo Nacional y al Centro Colombo Americano, pero no rebuznan.

 

¡Iii-aah!

 

Paso mis proyectos para que cumplan mis órdenes pero no obedecen porque no tengo poder.

 

Y cuando responden NO, se convierten en los personajes más antieróticos del mundo.

 

Como las anorgásmicas y los hipoactivos.

 

En ARTBO, el espíritu que invadió la inauguración fue el de la paz, la convivencia, la generosidad de los patrocinadores que repartieron whisky Chivas y chanpagne MOËT & CHANDO a borbotones. Y por cuenta de los supermercados Carulla,  queso y jamón que despertaron el pecado de la gula.

 

Asistieron hermosas damas, políticos con sus retoños, el alcalde Bogotá, Enrique Peñaloza Camargo,  Martín Santos,  hijo del presidente Juan Manuel Santos, Mónica de Greiff,  presidenta de la Cámara de Comercio de Bogotá, curadores, artistas maravillosos, regulares, malos, banales y farsantes, curiosos, galeristas de diferentes países, y los galeristas colombianos más exitosos y antipáticos que levitaron como figuras de burdel de idólatras.

 

Había mucha gente que contaminaba el espíritu de fiesta con la peste de su indignidad, se escuchaban rumores burlones  del diseñador del vestido de la bella, simpática e inteligente directora de ARTBO, que todavía no sabe que la moda no existe y está en el interior de cada quien.

 

Y algunos hablaban con maledicencia de los gustos y preferencias sobre las prácticas artísticas contemporáneas y no contemporáneas. Y el bobo Caro pintó unas matas de maíz como lo hizo en la Galería Belarca hace 44 años.

 

No evoluciona, involuciona. Parásito.

 

Y no se vieron representantes de la iglesia católica ni del Opus Dei, ni pastores de las iglesias evangélicas, ni popólíticos del Puto Centro Democrático.

 

¡Viva la democracia y el ambiente festivo!

 

ARTBO. Todo para el pueblo pero sin él.

 

Vi  mucha codicia en la adulación de los medios de comunicación y mucho servilismo entre quienes medran al amparo del poder.

 

Los enemigos más peligrosos que uno tiene no son los que han dicho No a los proyectos sino aquellos a quienes he engrandecido y escupen la mano de quien les dio de tragar.

 

Y los OjOs atentos de algunos galeristas de quienes conozco sus prontuarios, no se dignaban dirigir sus ojos vivarachos a un anciano maduro que deambulaba entre la belleza, la banalidad, el ambiente de fiesta y los viejos amigos artistas que observaban atónitos la feria del arte.

 

Engaño de circo. Precios exorbitantes, artistas mediáticos. Galeristas aquejados por la fiebre de la codicia, usuarios de privilegios eternos.

 

Mis OjOs escudriñan sus escondrijos en el alma y percibo sus segundas intenciones.

 

Y en los medios de comunicación y en las redes sociales nos asfixian con la terrorífica presencia del ex procurador destituido por el Consejo de Estado, bandido experto en descuartizar a sus enemigos políticos con esos colmillos eternos de Drácula que alumbran desde la noche de la quema de libros de García Márquez y otros grandes  autores, en su amada ciudad de Bucaramangracia, como bautizó el escritor Joaquín Bretón a la ciudad de los parques.

 

Y ya que nombro a Gabriel García Márquez recuerdo la época en que gobernaba la bestia cuando su escolta de bandidos armados hacía retirar todos los carros por donde pasaría, y sospecho que sus  asesores intelectuales copiaron al pie de la letra los pensamientos, palabras y acciones de El General en su Laberinto:

 

. . . "el preludio de una nueva época, el primer anuncio de los malos tiempos en que el ejército acordonaba las calles antes del alba y hacía cerrar las ventanas de los balcones y desocupaba el mercado a culatazos de rifle para que nadie viera el paso fugitivo del automóvil flamante con láminas de acero blindado y manijas de oro para la escudería presidencial ". . . 1

 

. . . "susurraban, el general chiquito está dormido, lo sacaron en brazos de sus edecanes a través de los diálogos truncos y los gestos petrificados de la audiencia de sicarios de lujo y señoras púdicas que apenas se atrevían a murmurar reprimiendo la risa del bochorno detrás de los abanicos de plumas" . . . 2

 

. . . "no es para tanto, Nacho, dijo, cumpla con su deber, así que las cabezas siguieron llegando en aquellos tenebrosos costales de fique que parecían de cocos y él ordenaba con las tripas torcidas que se los lleven lejos de aquí. Mientras se hacía leer los pormenores de los certificados de defunción para firmar los recibos, de acuerdo, había firmado por novecientas dieciocho cabezas de sus opositores más encarnizados. . . pensando madre mía Bendición Alvarado cómo es posible que sean tantas y todavía no han llegado la de los verdaderos culpables, pero Sáenz de la Barra le había hecho notar que por cada seis cabezas se producen sesenta enemigos y por cada sesenta se producen seiscientos y después seis mil y después seis millones, todo el país, carajo, no acabaremos nunca, y Sáenz de la barra le replicó impasible que durmiera tranquilo mi general, acabaremos cuando ellos se acaben, que bárbaro. Nunca tuvo un instante de incertidumbre, nunca dejo un resquicio para una alternativa, se apoyaba en la fuerza oculta del doberman en eterno acecho que era el único testigo de las audiencias a pesar de que él trató de impedirlo desde la primera vez que en que vio llegar a José Ignacio Sáenz de la Barra cabestreando al animal de nervios azogados que solo obedecía a la maestranza del hombre más gallardo pero también el menos complaciente que habían visto mis ojos, deje ese perro fuera, le ordenó, pero Sáenz de la Barra le contestó que no, general, no hay un lugar del mundo donde yo no pueda entrar que no entre Lord Köchel". . . 3

 

. . . "pensábamos que con tal que pase algo aunque se lleven el mar,  que carajo, aunque se lleven la patria entera con su dragón, pensábamos, insensibles a las artes de seducción de los militares que aparecían en nuestras casas disfrazados de civil y nos suplicaban en nombre de la patria que nos echáramos a la calle gritando que se fueran los gringos para impedir la consumación del despojo, nos incitaban al saqueo y al incendio de las tiendas y las quintas de los extranjeros, nos ofrecieron plata viva para que saliéramos a protestar bajo la protección de la tropa solidaria con el pueblo frente a la agresión, pero nadie salió mi general porque nadie olvidaba que otra vez nos habían dicho lo mismo bajo palabra de militar, y sin embargo los masacraron a tiros con el pretexto de que había provocadores infiltrados que abrieron fuego contra la tropa, así que esta vez no contamos  no con el pueblo mi general y tuve que cargar solo". . . 4

 

. . . "Nadie tiene necesidad ni ganas de matarme, ustedes son los únicos, mis ministros inútiles, mis comandantes ociosos, solo que no se atreven ni se atreverán a matarme nunca porque saben que después tendrán que matarse los unos a los otros". . . 5

 

Promover el erotismo, el pensamiento crítico y artístico agresivo, desgarrado y abrupto ha sido mi gran error.

 

Cuando paso mis proyectos veo que brota hiel de los espíritus y me nace la certeza de que se sienten con poder por negar mis pretensiones para sobrevivir en este mar de mierda y tratar de exponer al viento los cabellos de mis  órganos genitales.

 

Me quieren entrenar como a un perro domesticado para que no ladre como las perras celosas que no pueden ver a un erotómano contento que es derretido cuando siente un poco de ternura.

 

Don José Ignacio Sáenz de la Barra, un lameculo hipócrita y bandido que engatusaba al general en su laberinto, me recuerda a dos importantes parásitos del arte que se creen más importantes que los artistas y cuyos nombres brillan en todas las exposiciones: José Ignacio Roca y María Belén Sáenz de Ibarra. El primero trató de emascular el espíritu del erotismo del MaReA, y la segunda  intentó, y logró en parte, sabotear la exposición Masculino Femenino Arte & Erotismo realizada en el Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia, un homenaje al MaReA y a los maestros Jim Amaral y Ángel Loochkartt, profesor emérito de la misma universidad y representante del espíritu del erotismo y de la fiesta en carnaval.

 

Al fin y al cabo no me parieron para lamer culos sino para compartir el espíritu del erotismo, la libertad y el desorden con quienes desean aprender a desaprender lo aprendido y liberar sus mentes de doctrinas y verdades mentirosas cosidas a punta de censuras y mentiras, y por  lo tanto estoy libre de sentir su horripilante presencia, su perfidia, su adulación y el servilismo matrero de quienes siempre han medrado, al amparo del poder  en mi propia espiritualidad.

 

García Márquez Gabriel. El otoño del patriarca. PLAZA & JANES EDITORES, Barcelona. Primera edición: marzo de 1975.

1 Pág. 181

2 Pág. 182

3 Pág. 212

4 Pág. 248

5 Pág. 251

 

 

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