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CONFESIONES

 ReVista OjOs.com     MARZO DE 2015

Fernando Guinard por Darío Ortiz

Fernando Guinard

Fernando Guinard por Fernando Maldonado

 

CORRUPCIÓN Y MUERTOS VIVIENTES


La gran reina de Colombia no es la hermosa, envidiada y muy bien vestida Paulina Vega, Miss Universo. Es la sidosa corrupción de la clase política que como una gangrena pudre todas las instituciones, incluso las cortes, las fuerzas armadas y los órganos de control.

 

Y estas bestias corbatudas pertenecen a las mafias que siempre han manejado esté país a punta de promesas, mentiras y armas. El matrimonio entre popólíticos, empresarios, banqueros, hombres armados, medios de comunicación, abogados corruptos y periodistas arrodillados es evidente, y los estertores de la muerte se escuchan por doquier.

 

Y todo seguirá igual.

 

El que salte lo asesinan, como hicieron en Argentina con el fiscal que denunció la turbiedad; o como el ruso que se opuso a Putin. O como hicieron en Colombia con el partido de oposición y todos los líderes que estaban en desacuerdo con las mafias.

 

Y tienen fuero. Y no renuncian. Y así las comadres se indispongan por contar las verdades siguen ahí con el cinismo característico de sus expresiones faciales.

 

Y los grandes empresarios judíos de los textiles son desenmascarados por los sabuesos que espían el HSBC.

 

Y se roban a Ecopetrol, y los petroleros tan corruptos como los popólíticos.

 

Y vuelven las malditas elecciones. Y la misma recua tras la teta presupuestal. Y los medios de comunicación propiedad de los grupos empresariales y financieros más poderosos del país acosan con entrevistas a los popólíticos de todos los pelambres, y muestran  los asesinatos de la plebe, y transmiten fútbol.

 

Y se largó, a los 85 años el pintor tolimense Camilo Medina, egresado de la Universidad Nacional de Bogotá y actor de la Escuela de Arte Dramático del Teatro Colón. Gran persona, sencillo, amplio, que representó al primer capo  en la serie televisiva La mala hierba.

 

Y se largó el maestro Carlos Granada, un buen amigo y un mejor enemigo. Tuve la oportunidad de conocerle por intermedio del maestro Ángel Loochkartt quien me lo presentó en 1987 cuando preparaba el libro El Espíritu Erótico. Me preguntó el maestro Granada que cuánto le iba a pagar por publicar una de sus obras. Y le dije que no tenía presupuesto pues me tocaría empeñar la pierna izquierda de mi esposa para ayudar a financiar el proyecto. Y nos perdimos un buen rato mientras continuaba con el proceso que duró tres años. Después, cuando el libro estaba ya casi listo, nos encontramos de nuevo en la galería Iber, y le dije que artistas más importantes que él, como Fernando Botero, Luis Caballero, y otros, me habían apoyado sin cobrarme un centavo y sin tanta escama.

 

Y para no alargar el cuento publiqué una obra de propiedad del galerista que plasmaba un cunnilingus a una muchacha en presencia de una pantera negra que estaba en la misma posición de una escultura de tamaño natural que tenía el maestro Granada en su casa y que le robaron los bandidos coleccionistas de arte.

 

Y la obra la publiqué en el capítulo del Movimiento Erótico con esta poesía de Charles Bukowsy.

 

¿Has besado alguna vez una pantera?

 

Esta mujer se cree una pantera

y a veces cuando hacemos el amor

ella gruñe y escupe

y su pelo cae

y ella mira a través de las mechas

y muestra sus colmillos

pero yo sin embargo la beso y continúo el amor.

¿Has besado alguna vez a una pantera?

¿Has visto a una mujer pantera

gozando

el acto del amor?

No has amado, amigo.

Tú con tus pequeñas rubias teñidas,

tú con tus ardillas y ardillitas,

tus elefantes y ovejas

deberías dormir con una pantera

nunca más querrías

ardillas, elefantes, ovejas, zorras,

lobas,

nada sino la mujer pantera,

la pantera hembra paseándose

por tu cuarto,

la pantera hembra paseándose

por tu alma;

todos los otros cantos de amor

son mentiras

cuando esa suave piel negra se

mueve contra ti

y el cielo cae sobre tu espalda,

la pantera hembra es el sueño

hecho realidad

y no hay retorno

ni deseo de retornar;

la piel contra ti,

la búsqueda ha acabado

cuando tu verga se mueve contra

el borde del Nirvana

y estás abrazado a los ojos de una

pantera.

 

En 1990 el maestro Granada me acompañó a la presentación del libro en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Y nació una distante y buena amistad. Incluso me contó que el pintor primitivista Antonio Samudio, cuando estaba en sano juicio o borracho de aguardiente, le contaba a todo el mundo que yo era un bandido pues no le había pagado el saldo de cincuenta mil pesos de un canje que habíamos realizado por una obra de su autoría. Y que me pusiera las pilas porque el cabrón tenía una lengua más larga que un minetero profesional. Y le di las gracias por contarme las acciones del lengüilargo. Y tuve que explicarle que el cabrón llegaba borracho a cobrarme los cincuenta mil pesos a las dos de la mañana, y para quitármelo de encima le dije que para pagarle el saldo lo invitaba a tomar whisky a la Teja Corrida, y que no jodiera más con su chismoso apéndice bífido. Y como el cabrón bebía aguardiente, el whisky lo enloqueció y se le olvidó que la deuda estaba saldada. Y todavía sigue por ahí el primitivista como una revendedora de plaza de mercado con el mismo cuento.

 

Granada era muy simpático, charlador y muy amigo de Ángel Loochkartt. Un día a las tres de la mañana, salimos con Loochkartt de una rumba, prendidos; los rumbeaderos estaban cerrados; me dijo que fuéramos a la casa del maestro Granada, su íntimo amigo,  y que continuáramos allá la bebeta.

 

Como es de suponer le dije que me parecía un despropósito despertar al maestro a esa hora, y que lo más seguro es que nos mandara a la mismísima mierda. Pero como Loochkartt es intenso, nos aparecimos en su casa ubicada en la montaña cercana al Hospital Militar, y timbramos. Cuando Granada apareció nos hizo seguir a la sala de su casa, destapó una botella de Whisky y bebimos hasta el amanecer. Creo que Loochkartt era al único ser humano a quien le permitía ese abuso de amistad.

 

Un día llamó alguien y me dijo que tenía una obra de Carlos Granada muy vulgar, y que como yo coleccionaba arte erótico, me solicitaba una cita para mostrármela. Y la negociamos, y el señor se fue feliz pues se había desenhuesado de una obra que a nadie le interesaba por su “vulgaridad”.

 

Y para no joder más la obra la mostré en 1993, en una exposición erótica que realicé con obras de Augusto Rendón, Ángel Loochkartt, Umberto Giangrandi, Gastón Bettelli, Gilberto Cerón, Ismael Olabarrieta, Jorge Posada, Walter Tello, Hernán Darío Cerón Correa, Jaime Rendón, Octavio Mendoza, Eduardo Esparza, Alejandro Hernández, Keko, Edilberto Sierra, Juan Manuel Salcedo, Miguel Ángel Franco Salas y Mario Gordillo.

 

Y el día de la exposición cuando Granada vio la obra me dijo: “esa obra me la robó un marquetero”.

 

Y le respondí que yo la había comprado, y que con mucho gusto se la devolvía si me daba la plata que me había costado. Mi inocencia era obvia. Y me pidió el favor que se la prestara por unos días para hacerle unas mejoras, y que me la devolvía apenas terminara el trabajo. Y así sucedió. Y muestro ahora el original y las mejoras para que después los chismosos no vayan a decir que son diferentes y por lo tanto es chimba.

 

Como decía mi maestro Augusto Rivera, “todas mis mentiras son con recibo”.

 

Y mientras el tiempo pasaba publiqué en la portada de una de las agendas que por esa época realizaba, un detalle de La balsa de la medusa. Homenaje a Gericault, de 1993, una gigantesca obra de 260 x 380 cm que fue expuesta, en 2014, en la Galería de Alonso Garcés.

 

Y hablábamos siempre que yo tenía un proyecto editorial y me preguntaba quienes participarían y por qué los había seleccionado. Siempre deseaba que yo hiciera lo que él dijera, y como es lógico, no me dejaba aconductar, o asesorar, según el cristal con que se mire.

 

Y yo gozaba diciéndole que Marta Traba lo trataba en sus textos con desprecio, y se le erizaban los pelos, y hablaba hasta el cansancio pestes de la señora crítica. Y grabé todas sus retahílas con un camarógrafo y realizador que trabajaba en un canal de televisión, pero el cabrón nunca me dio el material.

 

Obra de Carlos Granada no apareció ni en El Espíritu Creador ni en El Espíritu Erótico XXI, así tuviera, para el

proyecto erótico, los derechos de reproducción firmados, porque cuando lo llamé para pedirle el número de la cédula, estaba hospitalizado y me mandó para la mierda. Pero ahora que murió lo recuerdo con afecto, por su espíritu anarquista y la cara de furia cuando le decía mamerto.

 

Y en el enlace de Confabulación,  está lo que pensaba y sentía el maestro Granada con respecto al arte, el expresionismo, la crítica, los colegas y la Traba. http://con-fabulacion.blogspot.com/2014/03/adios-carlos-granada.html

 

En 1976, el Instituto Colombiano de Cultura publicó el libro de Marta Traba, Mirar en Bogotá, una selección de artículos publicados en LA NUEVA PRENSA, entre el número 1 (19 a 25 de abril de 1961), y el número 138 (25 de septiembre de 1965).

 

En la página 85 habla de los veinte pintores jóvenes, doce figurativos y ocho abstractos menores de treinta años: Figurativos: Luciano Jaramillo, Margarita Lozano, Astrid Álvarez, Arcadio González, David Manzur, Teresa Cuéllar, Miguel Ángel Torres, Carlos Granada, Pedro Moreno, Augusto Rivera y Samuel Montealegre.  Abstractos: Carlos Rojas, María Teresa Negreiros, Alberto Gutiérrez, Miguel Ángel Cárdenas, Álvaro Herrán, Augusto Rendón, Nirma Zarate, Graciela Salgado y Justo Arosemena.

 

Y escribió:

 

“Los de los Andes encarnan una reacción idéntica contra el localismo, la pintura folklórica, las perversiones mexicanistas y la timidez provinciana”.

 

Les aconseja que “deben disminuir la vanidad personal, la nefasta pedantería, la inautenticidad con respecto a sí mismos y con respecto al país. Que sus obras tienen forma pero no fondo. Que por el afán de experimentar carecen de sentimientos personales. Que no se crean originales o que estén abriendo nuevos rumbos a la pintura, o que triunfarán en el exterior. Hay que fomentar la conciencia de la inautenticidad de los trabajos, para que logren ser auténticos un día”.

 

. . . “Un pintor debe hacer una exposición por año. Que no manoseen sus trabajos. Los poetas que se respetan no publican borradores, los pintores en cambio enmarcan hasta sus bocetos. Pasan de lo abstracto a lo figurativo, de gamas frías a gamas calientes. O el mismo cliché retocado de otra manera. Deben ser serios”.

 

. . .“Deben saber por qué pintan y que pretenden expresar en pintura”.

 

. . . “Lo figurativo es un modo de decir porque en realidad la figura no es más que un pretexto para el artista que la irrespeta y pasa limpiamente sobre ella”.

 

Y con respecto a Carlos Granada escribió:

 

“Carlos Granada tanteó la figura como recurso para expresar un inconformismo social que al principio fue perfectamente pueril y que luego se interesó progresivamente por la pintura como un hecho concreto, y se paseó por un puntillismo y post-impresionismo en desuso hasta detenerse en recreaciones más o menos obvias del formidable dibujante mexicano José Luis Cuevas; seguramente en este momento ha cambiado ya por completo, después de casi un año de silenciosa permanencia en Europa”.

 

Y sobre el El interiorismo escribió:

 

“Ya se sabe que el truquismo lo está invadiendo todo: aquí, en América y Europa. Ya se sabe que esa maleza  amenaza corromper las mejores obras del abstraccionismo expresionista y que las parodias informalistas se adueñan de los grandes certámenes internacionales.

 

Pero a estas alturas de la vida del arte abstracto, cuando con la marea de pintores y farsantes que la practican, sube también la resaca, todo acto de rebeldía se recibe con beneplácito sin provenir de la academia, el realismo social o de la incapacidad creadora que se defiende atacando.

 

Dictadura artística tan intolerable como el propio realismo socialista.

 

El error protuberante en que han caído los interioristas mexicanos, es el que los hace transformar a todos en Cuevas. Desde el plagio a la discreción todos amplían, deforman, esfuman, manchan como Cuevas. Y no solo allá sino también acá. Seguramente los interioristas se alegrarían de saber que en Colombia Carlos Granada y Rodolfo Velásquez, con sus mismas ideas, han llegado a realizar Cuevas casi tan perfectos como los originales. Sus imitadores están sembrando de monstruos la pintura”.

 

En la página 192 dice:

 

Granada y el “cuevismo”.

 

“Pero si tal personalidad arrojada expresamente a las tinieblas exteriores justifica la adhesión a los interioristas, es menos admisible que se utilicen con inmoderación y satisfecha tranquilidad de ánimo sus recursos más originales. Resulta de esto que el interiorismo, o el neohumanismo, o el retorno a la figuración es una posición teórica y combativa de plena validez, pero al ponerse en práctica degenera de inmediato en el “cuevismo”. Tal fue el caso de Granada, de quien no me ocuparé mientras sea el espejo de Cuevas y hasta que su interpretación de la violencia sea algo serio y no un episodio espectacular de su pintura”.

 

En la página 251 escribe:

 

“Granada es un “caso” interesante de la pintura joven colombiana. Hace cinco años debutó junto con otros compañeros de los años finales de Bellas Artes, presentando una serie de cuadros fuertemente impregnados de tono social, por una parte, y realizados, por otra, dentro de un amaneramiento puntillista, decadente y sin sentido. Desde entonces, y desde su viaje a Europa hace dos años, su obra pasó por varias fases de barbarie; desencadenó la figura y la afichó en temas escandalosos, reclamó la atención por cualquier medio distinto a la pintura misma y obtuvo las pequeñas dosis de popularidad que el público de Bogotá, poco indulgente con los excéntricos, le concedió de mala gana.

 

Luego pasó por Washington, por los salones odiados y amados que dirige José Gómez Sicre, gesto que ya lo marginaba bastante de la barbarie y de la irritada inconformidad contra todo y contra todos de sus comienzos. Ahora, después de este periplo, entre el anarquismo y Washington, Granada expone en Bogotá, en la Galería de Arte Moderno orientada por Casimiro Eiger.

 

La historia es necesaria porque la pintura de Granada está llena de referencias, de veladas explosiones, de descubrimientos apropiados sin moderación. Sin saber de dónde salió y qué ha recorrido en su trabajo, sería difícil explicarse esa mezcla de terribilidad y de desamparo que muestran todos sus cuadros. . .

 

. . . En la exposición figuran trabajos de pintura que pertenecen a la exposición realizada en la Unión Panamericana. Son los que más fácilmente pueden compararse con aquella infortunada exposición de la Biblioteca Nacional cuando inició su carrera y la diferencia es enorme. Va desde hacer alegatos ridículos a hacer pintura, es decir, ha cambiado de modo intencional el objetivo de su obra. Eso no significa que su pintura esté acertada; pero ya se puede estimarla y juzgarla como tal, sin peligro de caer en los viejos enredos sociales. Como pintura padece dos defectos protuberantes que la desvalorizan; el primero, y a mi juicio el más grave, es el de crear a desgano un ciclo repetido de formas (formas –clichés) formacabeza, forma- cuerpo, expresión- cara, líneas- extremidades, de una insoportable monotonía. Si alguna intención la pintura figurativa exige, imperiosamente, una furiosa carga de energía en el creador, es la intención de deformar y generar monstruos. La caricatura apacible del monstruo es intolerable. Si un artista se propone ser endemoniado, no puede defraudar al demonio.

 

Granada lo defrauda.

 

El segundo defecto de las pinturas reside en el color. Granada emplea una gama muy usada en el expresionismo y especialmente en Nolde. Este espléndido y realmente fáustico pintor alemán se recuerda muchas veces en sus cuadros La matanza de los inocentes, mezclado con otro recuerdo también añejo y archivado, el de Odilón Redon. Es una gama impersonal, ajada. Así como le falta hallar la imagen del monstruo, le falta encontrar colores candentes y malignos, o volver su obra un ardiente funeral, como hace Cuevas con el blanco y negro.

 

La pintura es desigual. Limpia y entonada en Flores para un niño en blanco. Sucia y estridente en Flores azules para una muerta. Y un cuadro que más le valía no haberlo ni siquiera pensado: la profanación de los Fusilamientos del 3 de mayo. De Goya.

 

Los monotipos y los dibujos son actuales y forman la mejor parte de la exposición.

 

Si Cuevas no existiera, Granada sería un dibujante de importancia. Pero Cuevas existe y la causticidad, la agresión verbal, la vitalidad deformante de Granada se desmoronan. ¿No se da cuenta que copia a Cuevas y de un modo más concreto y próximo, los dibujos que hizo Botero para ilustrar El Gran Burundun, de Jorge Zalamea? ¿O si se da cuenta y trata simplemente de desconcertar al público? Teniendo de un modo muy auténtico la fuerza de ataque y el espíritu iconoclasta con que hoy en día la pintura figurativa maltrata y despedaza una intolerable humanidad, ¿Por qué no crea sus propias iniquidades en cambio de utilizar las ajenas?

 

Si Granada hallara algún día sus personajes, el aporte de su obra podría ser muy importante para Colombia, donde el eclipse o adocenamiento de la pintura figurativa es total. Material no puede faltarle: vive, como todos nosotros, en el séptimo círculo. Pero tiene que saber que no hay infiernos prestados en el arte”.

 

En la página 291 dice:

 

“José Luis Cuevas, el extraordinario pintor mexicano considerado por la crítica europea y norteamericana como  uno de los artistas más notables de nuestra época estuvo en Bogotá invitado especialmente por el Museo de Arte Moderno, y gracias a la colaboración del Banco de la República.

 

El martes 17 se presentó en el Museo de Arte Moderno, no para dictar una conferencia, sino para dar sus personalísimas impresiones acerca de ciertos movimientos pictóricos actuales que conoce a fondo. A pesar de lo difícil que es en Bogotá entablar un diálogo con el público, la primera conversación con Cuevas se desarrolló espléndidamente. Habituado a padecer el espectáculo de soberbia, estupidez e incultura de muchos de nuestros “artistas” el público que desbordaba el primer piso del Museo quedó admirado ante la inteligencia rápida, el profundo conocimiento de la materia, el notable sentido del humor y la gran cultura de Cuevas.

 

Un plagiario contra un maestro

 

La segunda conversación con Cuevas se llevó a cabo en la Biblioteca Luis Ángel Arango. Después de fijar, con una magnífica sinceridad, su posición ante el “humanismo sentimental” de los expresionistas de principios de siglo, explicando cómo se ha producido en la actualidad un cambio en esa actitud sensible (o sensiblera) y fuertemente literaria, para convertirse en un punto de vista seco, angustiado, deformante, lleno de humor negro, sin ninguna intención de apiadarse y buscar solución a las miserias humanas sino solo testimoniando acerca de ellas se produjo el escándalo.

 

El escándalo comenzó cuando el pintor Carlos Granada, quien ha plagiado durante varios años la obra de  Cuevas, mediocrizando con el mayor descaro las deformaciones, la técnica, los temas del gran dibujante mexicano, trató de afirmar que toda miseria y paranoia se producía solo dentro del capitalismo y pidió a Cuevas que denunciara esa situación. Como Cuevas se negó a plegarse a una conclusión tan estúpida y simplista Granada lo increpó con Violencia. En ese momento intervino el desequilibrado Neftalí Silva, quien está en libertad bajo fianza en el proceso penal que el Museo de Arte Moderno sostiene contra él por la destrucción de seis obras de arte, y gritó desde el fondo de la sala algunas injurias contra el conferencista.

 

Un episodio vergonzoso

 

Las actitudes del plagiario y el delincuente son justificables; por eso son lo que son. Menos justificable es la falta de reacción del público y de las autoridades de la Biblioteca, que permanecían pasivos ante esa vergüenza hasta que le tocó a un espectador solitario expulsar a Silva de la sala. Y no faltaron aún los cómplices para defender el único derecho que se reconoce en Colombia: el que los mediocres insulten a la gente de valor.

 

     Este episodio vergonzoso aclaró dos hechos: la calidad humana, intelectual y artística de Cuevas, que

     evidentemente le va grande a nuestro medio. Y, segundo la marea de basura que se introduce por todas

     partes en el medio artístico y cultural colombiano, sin que haya la voluntad unánime de eliminarla de una vez

     por todas.

 

 . . . Colombia es el país de los esfuerzos perdidos.

 

En la página 293 manifiestó:

 

Y LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE CROYDON

 

“No entiendo para nada del Primer Concurso de Pintura Croydon.

 

Sus organizadores afirman en el catálogo que lo han promovido como “un aliciente entre el elemento joven colombiano con inquietudes artísticas.”

 

La introducción del catálogo sostiene que se ha querido auspiciar la gente nueva “con diversos grados de habilidad” y que no tiene oportunidad de mostrarlos. Supongo que Carlos Granada y Armando Villegas se consideran capaces de diversos grados de habilidad, lo cual es apenas cierto y por eso concursaron; sin embargo, sus hábiles obras fueron declaradas fuera de concurso por el Jurado, al mismo tiempo que recomendaba su adquisición para la pinacoteca de Croydon”.

 

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