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CONFESIONES

 ReVista OjOs.com    JUNIO DE 2015

Fernando Guinard por Darío Ortiz

Fernando Guinard

Fernando Guinard por Fernando Maldonado

 

AMISTADES Y BANDIDOS



Y como el mundo del arte banal y teórico agoniza porque carece de la glucosa que alimenta la célula, continúo con el proceso del libro 21 Artistas Su Mundo. Son artistas con quienes he tenido la oportunidad de compartir instantes larguísimos y momentos especiales en este largo camino de existir.

 

Y pienso borrar algunos nombres pues estoy seguro que nunca van a invertir en sí mismos. “Ese no va a pagar nunca. . . ¿Cómo puedes confiar en un tipo así? No metas a ese en tu libro. Se convertiría en un obstáculo”. . . dice mi amigo Henry Miller.

 

Como buen admirador de las personas que se salen de la obviedad, vi un programa de dos inteligentes, hermosas, valientes, irreverentes y simpáticas muchachas, Alejandra Azcárate y Eva Rey, que entrevistan a popólíticos y los transfiguran en seres simpáticos, buenas personas y sencillos. Y compartieron con el periodista Pirry secretos íntimos. Ellas hipnotizan con su talento. Siempre causan buena impresión, en contraste con las popólíticas narizonas y prognatas que hablan hasta por el culo y están siempre listas a pelear en defensa de su patrocinador.

 

Es uno de los pocos programas que se salvan en ese gran océano de espacios y noticieros cuyas líneas editoriales están dominadas por fuerzas incontrolables de extrema derecha cuyo discurso es la independencia de la política editorial.

 

La guerra con su cruda realidad y brutalidad atrae a los agoreros de la muerte, a esa gente sencilla que sabe más de caballos, vacas, baldíos, y espanta a los popólíticos cobardes que tienen la picha cansada y se largan como embajadores a otros países.

 

Bien por León Valencia que no es presumido ni leal como un tonto.

 

No soy taoísta que se alimenta de energía solar y un sorbo de agua. Necesito del vino, el whisky y la cerveza.

 

Andrés carne de buey no sería millonario en la India pues es un país donde respetan a los animales, no como aquí donde los ganaderos crían y ceban animalitos para venderlos a matarifes despiadados e insensibles que los descuartizan como hacen con los campesinos e indígenas y con todos aquellos que no estén de acuerdo con sus métodos.

 

Los popólíticos y burócratas, mientras menos inteligentes son, mejores posiciones tienen.

 

Cuando percibo el lento proceso que es trabajar con algunos artistas colombianos me vienen a la mente las  conversaciones eternas del proceso de paz, los millones de obras inconclusas, los miles de presos hacinados en las cárceles y los millones de popólíticos que bambolean las caderas por los burdeles y restaurantes más famosos y caros de Colombia. Y cuando les pasan la cuenta no se desmayan como cualquier parroquiano.

 

Veo las ciudades plagadas de humanos, carros, centros comerciales, ladrones, atracadores, limosneros, drogadictos; túneles, metros elevados, bombas de gasolina, edificios igualitos, rascacielos que se elevan al infinito, fábricas.

 

Y las selvas destruidas y los ríos robados.

 

Veo desplazados internos y emigrantes.

 

Y a toda hora, popólíticos y evangelistas en todos los medios impresos, radiales y televisivos que informan lo mismo como guacamayas parlanchinas.

 

¡Horror!

 

Terrorismo informativo.

 

Deberían irse para la India donde no odian a las ratas.

 

Y el 21 de mayo, el mismo día del aniversario de la muerte de Raúl Gómez Jattin, veo y leo en la prensa que en el marco de una investigación por un presunto caso de sobornos y tráfico de influencias con funcionarios de la Empresa Colombiana de Petróleos Ecopetrol, capturaron en el aeropuerto de Bogotá, cuando regresaba de un viaje de Canadá, a Luis Fernando Guinard, expresidente de la filial en Colombia de la multinacional estadounidense Petro Tiger.

 

El fiscal del caso, Mario Montes, ha expresado que las investigaciones indican que dichos pagos superaron los 2.000 millones de pesos. Y que siete personas son procesadas por este caso, entre ellas algunos exdirectivos de Ecopetrol, la empresa más grande de Colombia, cuyo capital es principalmente del Estado.

 

Y me llama la amiga Soraya Cristo preocupada porque le chismosearon que su amigo Fernando Guinard estaba en problemas.

 

Pues lo más seguro es que el cabrón sea pariente mío.

 

Pero la consanguinidad, como dice el Uribe, no es delito.

 

Y le dije que ojalá hubiera sido yo el preso, pues contrataría un abogado que me cobraría una buena prima de éxito y compraría a los jueces, fiscales y cortes, y me largaría a rascarme las huevas a Venecia, a visitar la famosa y decadente Bienal.

 

Y no tiene nada de raro. El apellido ya está puteado en Colombia, y en el mundo se puteó cuando don Roque Guinart, el bandido más rico y famoso de Barcelona asaltó a don Quijote y Sancho Panza cuando acamparon en las afueras de Barcelona. Y esta es la versión del apellido para que no quede ninguna duda.

 

Soy don Fernando Guinard de Rosellón, más conocido como Fernando LXIX, o Fernando 69, fundador del primer museo de Arte Erótico Americano MaReA.

 

Unos dicen que el apellido es francés, razón por la cual me deberían gustar las mujeres de piernas torneadas, pero me gustan más las muchachas de caderas anchas, por lo que podría tener ascendencia italiana; me gustan las mujeres de senos normales, no muy grandes, ni muy pequeños, por lo que podría tener ascendencia española.

 

Me preocupé por investigar cuál podría ser mi ascendencia erótica y el origen del apellido. Llegué al siglo XVII cuando don Quijote y Sancho Panza, después de las aventuras por la región de La Mancha, exhaustos, acamparon en las afueras de Barcelona con su recua de bestias, burros y burras que cargaban sus corotos.

 

Los espías de Don Roque Guinart, el bandido más rico e ignorante de Barcelona, le informaron que habían acampado dos paisanos con cara de mensos y que era muy fácil robarles los corotos y las bestias pues estaban fundidos y no opondrían ninguna resistencia. Así fue, por la noche, mientras don Quijote y Sancho dormían con as compañeras de sus sueños, los bandidos les robaron todo, incluidas las carpas que los protegían del sereno. Al día siguiente la noticia se regó como pólvora. Habían robado a los seres más queridos de la literatura española. Don Roque Guinart, ofuscado por su ignorancia y estupidez, decidió devolver todo lo que se había robado, excepto una burrita. Desagravió a sus víctimas, las invitó a comer, a beber y a danzar con las muchachas del pueblo hasta el amanecer. Exhaustos fueron escoltados al campamento para evitar que algo malo les sucediera.

 

De los amores de don Roque Guinart y la burrita que no devolvió al Quijote, venimos los Guinard. Ya podrán imaginar que tengo mucho de francés, español, indio, y de bestiario.

 

Y esa es la burra que, según García Márquez, se le extravió a Miguel de Cervantes en el Quijote y que nunca pudo encontrar.

 

Después de 40 años de trabajar en el mundo del arte y dos años de papeleo recibí la comunicación de Colpensiones en la que me informaban que no tenía derecho a la pensión de jubilación por no tener el número suficiente de semanas cotizadas. Lógico, la famosa Ley 100 del tal Uribe. Y recibí de indemnización por mis años de trabajo y aportes, un valor equivalente a una cuarta parte del sueldo mensual de cualquier bandido del congreso.

 

Y veo que el avaluó catastral y el impuesto predial suben más que el colombiano más importante de la historia, el ciclista Nairo Quintana, y los malparidos cobran dizque por estrato, cuando debería ser por ingresos, y que la inflación es de un solo dígito, y que los genios de planeación y del equipo económico hablan de crecimiento del PIB por arrasar con las selvas y los bosques y contaminar las aguas que alimentan a los colombianos con los desechos tóxicos y letales de la minería y el fracking.

 

Hay que emascularlos también.

 

Y los gobiernos distritales de mierda y de izquierda dicen que es culpa del consejo.

 

Y me dice de nuevo mi amigo Henry Miller refiriéndose al popólítico distrital o nacional.

 

“Lleva la muerte consigo, ¿es que no lo notas? Cuando no está gruñendo, está farfullando como un mono. ¿Cómo se puede ser amigo de un tipo así?

 

Venecia, pueblo de artesanos y comerciantes, tiene 55.000 habitantes permanentes y la tragedia de ser visitada por 22 millones de turistas que asisten a sus carnavales de arte, danza, teatro, cine y música.

 

Y la presente edición de la decadente Bienal de Venecia es tan banal como los poderosos curadores.

 

Okwui Enwezor, curador general de Todos los futuros del mundo, levitaba por la Bienal como cualquier curador colombiano o galerista que asiste a ArBo, o como cualquier popólítico con ejército propio, moza bonita y seguidoras prognatas, narizonas y habladoras como locas recién salidas del manicomio.

 

Y los que se las dan de sabihondos dicen que el mayor problema de la Bienal es la ausencia de un sentido unitario de las muestras, y que las obras no dialogan unas con otras, ni con los espacios.

 

Y en las exposiciones colaterales que forman parte de la programación oficial solo asisten quienes tengan el dinero para comprar la participación.

 

Como en los grandes burdeles y en los altos cargos popólíticos.

 

Y dizque no se ve ningún intelectual. Solo farsantes.

 

El alcalde y otros 35 popólíticos y empresarios fueron detenidos por corrupción urbanística, acusados de enriquecerse a costa de la gran obra de ingeniería Moisés, para proteger la ciudad de las mareas y el fenómeno de “agua alta”.

 

Y en la isla de Poveglia, donde hace muchos años trasladaron a los ciudadanos de lugares cercanos que tenían peste o habían fallecido a causa de ella, hay tantas fosas comunes como en Colombia.

 

Y antes de que sea comprada por los popólíticos italianos o colombianos, es bueno sonreír por la mojada que se pegaron los elegantes invitados al coctel de apertura de la muestra Clásicos portables cuando se desplomó el pequeño muelle de la Fundación Prada y “acabaron mojándose el culo tras la ruptura de la estructura.”

 

Y dizque asistió el ecuatoriano Patricio Palomeque quien dijo que la exposición de la artista de su país era inaceptable.

 

Y me acuerdo de una Bienal Internacional de Pintura en Cuenca, Ecuador, cuando nos pusimos una cita, con el tal Palomeque, a las ocho en punto de la noche en el lugar donde se realizaban las performancias. Y allí llegué cumplido, y esperé hasta las nueve. Y el cabrón nunca llegó. Al día siguiente le encontré y le dije que me había quedado esperándolo. Y me dice el artista: “Yo estuve allí. Usted fue quien no cumplió la cita”.

 

Ojalá toda la plaga de curadores, militares indignos y popólíticos bandidos sean invitados a una próxima Bienal en Korea del Norte para exhibir tonterías. Y que no le cumplan citas a Kim Jong. Y lleven cantantes y orquestas de reggaetón. Y asistan los señores de Interbolsa y Saludcoop, y los héroes de los falsos positivos, para que el señor Jong los emascule antes de fusilarlos y nos quite su presencia por toda la eternidad.

 

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