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CONFESIONES

 ReVista OjOs.com      ABRIL DE 2012

Fernando Guinard por Darío Ortiz

Fernando Guinard por Fernando Maldonado

 

CURRICULUM VITAE

 

Me pregunto de dónde saldría mi escaso talento si en mi casa no había obras de arte ni libros que despertaran mis bajos instintos.

 

Estudié Economía y nunca me gradué. Aprendí Finanzas en el Banco del Comercio, que pertenecía al Chase Manhattan Bank, y saqué el último puesto en el entrenamiento y el primero en los exámenes, digamos de grado; y estuve en el crédito supervisado con un jefe exteniente que ya estaba dañado, y un excura, chiquito, de esos lameculos que se tomaban muy en serio sus atribuciones y a quien le cortaron el pescuezo en Panamá, por sapo o por homosexual.  Trabajé en el Instituto de Desarrollo Urbano IDU cuando al jefe de Finanzas le decían 10%.  En la Contraloría Distrital laboré  media hora como Contralor de Puentes de Bogotá. Salí despavorido cuando vislumbré la apestosa carrera que me esperaba.

 

¿De dónde salió el placer por el arte, la poesía, la libertad y el desorden?

 

Pues ni más ni menos que del espíritu de Paul Guinard, (Annecy, Francia, 1895 – Madrid, España, 1976) hijo de un oficial del ejército francés.

 

Paul Guinard participó en la Campaña de Oriente durante la Primera Guerra mundial y después de la desmovilización ingresó a la Escuela Normal Superior. En 1921 fue nombrado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia como Agregado de Historia en España, y luego, cuando abandonó este cargo en 1922, fue profesor de Historia del Arte en el Instituto Francés en España.

 

Paul Guinard deseaba dedicarse a la musicología pero sus intenciones se vieron frustradas por el descubrimiento de la pintura española.

 

En 1932 fue nombrado en el Instituto Francés de España donde trabajó por más de treinta años y cumplió la doble función de servir a la causa del arte francés en España y dar a conocer el arte español en Francia.

 

En 1931 publicó el Manual de Arte Francés editado por Labor de Barcelona, en 1935 publicó su primera obra importante sobre el arte español que tituló Madrid y El Escorial en la colección de Las ciudades celebres del Arte,  con la editorial Laurens de París.

 

Cuando estalló la guerra civil dejó España y se trasladó a Polonia donde dirigió el Instituto Francés de Varsovia entre 1937 y 1938.

 

En el verano de 1939 fue nombrado director del Instituto Francés en España con amplias atribuciones y control de todos los organismos, institutos, liceos y escuelas que actúan para la presencia cultural de Francia en la Península.

 

En la actualidad, en Madrid se encuentra la calle Paul Guinard. En el Salón Paul Guinard del Instituto Francés se realizan eventos festivos, culturales y gastronómicos.

 

El Café-Bistrot y su terraza, el Teatro, el Patio y la Sala de conferencias sirven para Festivales de Cine y conciertos.

 

No soy pintor, ni dibujante, ni escultor, ni poeta.

 

Soy ecologista y  he asistido a seminarios sobre el calentamiento global y el cambio climático. Y he escrito  El Espíritu del Agua, La Cultura Verde y Los mitos psicóticos.

 

Sólo soy un erotómano que fundó el primer Museo de Arte Erótico de América MaReA y ha publicado el libro más bello que rinde homenaje al dios del amor: El Espíritu Erótico.

 

Construyo perfiles y rescato cualidades como la eficacia, la eficiencia, la comunicación efectiva, la creatividad y las destrezas como la empatía, la adaptabilidad, la cortesía y el compromiso, y valores como el esfuerzo, el trabajo en equipo y el entusiasmo por lo que se hace.

 

Respeto las diferencias y me enamoro de la empatía.

 

Soy coleccionista de estampillas, afiches, monedas, libros, pinturas, dibujos, obra gráfica, recuerdos, amores y desamores.

 

Me gustan las mujeres perspicaces que no se abalanzan sino que se deslizan con talento por debajo de las cobijas.

 

¡Benditas!

 

Todas conocen mis debilidades y mis luchas para no olvidarlas.

 

Viajo por la vida, el cosmos, y por el arte con su sarta de mentiras.

 

Mis fotones me llevan por una mejor conciencia y desarrollo la telepatía, la telequinesia y la clarividencia.

 

Por eso percibo las mentiras del establecimiento y de mis amantes que no son libros abiertos sino cerrados como cerebros de aconductados.

 

Las mujeres perversas me quieren cortar las alas y yo ahí como un endemoniado.

 

A las que me han entregado sus entrañas espero que perdonen mis defectos como yo perdono sus traiciones y no olvido sus besos.

 

Estoy medio ciego de tanto leer. En el internado devoraba, todas las noches y a la luz de una vela,  novelas de vaqueros que me regalaba el marido de mi prima Dolly, el Stuka Acevedo, un defensa extraordinario del Santa Fe de Bogotá.

 

Me gustaría hacer parte de ese bajo porcentaje de la población mundial que evolucionará espiritualmente y pasará a la quinta dimensión donde ya no habrá agresiones, ni traiciones ni maldades propias del código moral de un ambiente corrupto.

 

En mi rostro se refleja la tristeza que me invade, rostro curtido y macilento por las privaciones, arraigado y gastado por la incesante labor física, cerebral y etílica.

 

Bajo mi frente resaltan dos ojos que están cansados de ver tantas atrocidades e injusticias pero que se regocijan con las obras de arte y con las Venus del MaReA.

 

Mi quijada la cubre una chivera blanca y desmadrada como mi espíritu, mi nariz es hermosa, perfecta, mis labios gruesos, mi voluntad firme, mis pasiones inútiles pero poderosas, mis sentimientos profundos.

 

A veces soy un hombre débil de cabeza caliente que me pierdo a mí mismo y me llevo a los demás.

 

Pero si me regalan sus retratos me impregno de energía  y penetro en sus nidos de placer intelectual y en la exquisitez de sus néctares.

 

Los sentimientos de los ingratos son eternos y causan pena.

 

Las deslealtades causan dolores.

 

Los nuevos amores causan placer y renuevan las sonrisas.

 

La guerra a los cuerpos desnudos y a las palabras que los exaltan está basada en la prohibición, como la guerra a las drogas iniciada por el Nixon, presidente tramposo que espiaba a sus contrincantes políticos.

 

La mordaza aumenta la mordacidad.

 

He sufrido la prueba de la convivencia, la más dura a la que nos sometemos los humanos. Más dura que el secuestro.

 

El único rigor del arte es el de la imaginación, la reina de lo verdadero, de lo posible que crea la analogía y la metáfora y anula la visión narrada o pintada, imaginación  que encarna al mundo y lo cuestiona con muchos interrogantes como los de las pasiones que engendran el placer de crear.

 

Existe algo más bello que una mujer  pregunta uno. Y otro responde que siempre y cuando no viva con uno.

 

Los hombres no mencionan a las mujeres que los han atrapado en caminos de dicha y perdición.

 

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