(57) 319 2930843

(57) 318 3269478

CONFESIONES

 ReVista OjOs.com     AGOSTO DE 2013

Fernando Guinard por Darío Ortiz

Fernando Guinard

Fernando Guinard por Fernando Maldonado

 

SUBDESARROLLO EXTREMO

 

Y mataron con una descarga eléctrica en Miami al jovencito y artista colombiano Israel Hernández. Y era la misma descarga que un popólítico, retrasado mental, pero con poder recomendaba usar contra los estudiantes que protestaran por el olor a cadaverina.

 

Con mis OjOs veo el iris mentirosos de los políticos, abogados y pastores cuyas mentiras se perciben apenas abren la jeta.

 

Veo los pésimos servicios de salud colapsados en el gobierno más nefasto de la historia de América, que ordena abrir fuego contra la chusma que protesta mientras los “dotores” hablan de desarrollo económico y crecimiento de indicadores.

 

¿Qué desarrollo podrá existir en un pueblo que está sumido en la más extrema pobreza?

 

En todas partes no hay más que ignorancia, barbarie, vejaciones, humillaciones, despotismo y satrapía, explotación y desesperanza.

 

Y cuando reclaman reformas para abolir los privilegios de las mafias de estadistas, terratenientes, empresarios y jefes de sicarios que se reparten la tierra de los campesinos, indígenas y víctimas de la violencia, las balas zumban por la atmósfera.

 

Y los negociantes internacionales de aguas territoriales y plataformas continentales, fútiles garruleros de oficio, deambulan de aeropuerto en aeropuerto enjaulados en un protocolo donde los besos, los abrazos acalorados, las risas de imbéciles y las danzas con orquestas maravillosas calientan los espíritus para iniciar procesos eróticos que terminan en bacanales y en fiestas saturnales. Suites amplias adornadas con orquídeas y rosas rojas, alfombras persas, licores espirituosos, espías bellas e inescrupulosas, conversaciones confidenciales, temas banales, brindis, borracheras, vómitos, confidencias, y al final, caen exhaustos después de tantas confesiones e hipocresías para continuar el periplo por el Olimpo de los burócratas ineficaces e ineficientes. Y Nicaragua y China realizarán canales interoceánicos, y los asesores de los popólíticos nativos escarban en las jurisprudencias y asesoran según las conveniencias de quien más ofrezca. Oferta y demanda. Capitalismo salvaje que se lleva, como los hombres armados, todo lo que encuentran a su paso, incluso los rostros de los aduladores.

 

A los popólíticos y a los dictadores en ningún momento se les pasa por la cabeza la idea de abandonar el poder; al contrario, cuando aumentan los problemas y se incrementa el descontento, el estamento militar se fortalece para evitar los crímenes de lesa humanidad y se inventan el fuero militar con la falacia de la seguridad democrática.

 

Los patrones están por encima de las leyes porque ellos las dictan y se sobreponen a ellas con las triquiñuelas de sus lameculos armados y asesores en derecho.

 

Los sicarios y lameculos exigen la recompensa por el favor prestado. “El ejército estaba dominado por intereses tan bajos que sus integrantes valoraban la lealtad en términos de dinero e incluso esperaban que el generoso señor les llenara los bolsillos por propia iniciativa, olvidándose todos ellos que los privilegios corrompen y que la corrupción, a su vez, mancha el honor del uniforme. Esa rapacidad y descaro de los generales del ejército se extendió a los comandantes de la policía que también ansiaban que se les corrompiera, se les colmara de favores y se les cubriera de oro. Y todo debido que al contemplar el progresivo debilitamiento de palacio, dedujeron arteramente que nuestro monarca iba a necesitarlos más a menudo, y que eran ellos los que, a fin de cuentas el más seguro, -y en momentos críticos – único baluarte de la prepotencia del poder” escribe R. Kapuscinski en su libro El Emperador, de Anagrama. Y continúa: “En los últimos años de su reinado, los policías se multiplicaron tanto, aparecieron tantos ojos y oídos del soberano por todas partes – emergían de debajo de tierra, se pegaban a las paredes, volaban por el aire, se colgaban de los picaportes, se agazapaban en las oficinas, acechaban entre la multitud, se apostaban en los portales, se agolpaban en los mercados – que la gente para defenderse de la plaga de delatores, aprendió una segunda lengua. (…) “El funcionario es el apoyo más firme y adicto, podía echar pestes contra ti a tus espaldas, y gruñiría para sus adentros. Pero llamado al orden callará. Los cortesanos son los más allegados a palacio. Su majestad debía pagar más y más por su lealtad. (…)

 

“El emperador, en tanto que bienhechor y personificación de la generosidad, no podía dictar disposiciones desagradables. Todo decreto que echase nuevas cargas sobre los hombros del pueblo llevaba la firma de algún ministerio. Si el pueblo no podía aguantar tanta carga, amonestaba al ministerio y cesaba al ministro, aunque nunca lo hacía de inmediato para no dar la humillante impresión de que permitía que la chusma desatada impusiera su orden en palacio. Más bien al revés, cuando consideraba que debía demostrar la prepotencia de su poder imperial, designaba a los dignatarios más odiados para ocupar los cargos más altos como si quisiera decir: rabia rabiona… para que os enteréis de quien manda aquí de verdad y hace posible lo imposible. (…)

 

“Los alzados asaltan las sedes de las instituciones y allí donde consiguen atrapar a un funcionario imperial, lo insultan, apalean y luego descuartizan. Por supuesto, mientras más dura es la sumisión, el sufrir en silencio y resignación ante cualquier carga, tanto mayor se vuelve el encono y la crueldad. (…) “Por fortuna la provincia en cuestión queda muy lejos del centro del país, por lo que no resulta difícil aislarla, acordonarla con el ejército, abrir fuego sobre ella y ahogar en sangre la revuelta. (…)

 

“Lo primero que hizo el perspicaz Señor fue mandar a… una banda de asesinos a sueldo con la misión de degollar campesinos, pero, más tarde, confrontando a la incomprensible resistencia de los amotinados mando retirar los nuevos impuestos y amonestó al ministerio por el referido exceso de celo.

 

“En realidad un pueblo nunca se rebela aunque lleve a sus espaldas un fardo muy pesado, nunca se rebela porque se le explote, pues no conoce la vida sin explotación, no sabe que tal vida existe, y cómo se puede desear algo que no cabe en nuestra imaginación.

 

Un pueblo solo se rebela cuando alguien intenta cargarle con otro fardo. Entonces el campesino no aguantará más, caerá de bruces en el fango, pero se pondrá de pie de un salto y asirá el hacha. (…)

 

“Los han engañado, los han tratado como animales, han pisoteado el resto de su dignidad ya de por sí pisoteada, lo han tomado por un idiota, que nada siente, que nada ve, y nada comprende. El hombre empuña el hacha, no en defensa de su bolsillo sino de su condición de ser humano. (…)

 

“Empezó a pensar. Tal costumbre era un estorbo nada recomendable, y el rey nunca dejó de hacer lo posible de protegerlos de semejante tara y mutilación. El hecho de que alguien pensara o se metiera desafiante en los círculos de aquellos que pensaban, no conducía a nada decente ni bueno”. (…).

 

Si esto sucedía en Etiopía en la época del emperador Haile Selassie, en Colombia se les darán prerrogativas muy importantes a los militares que participen en política.

 

Por tanto se necesita la justicia transicional y desmontar las estructuras para que no se repitan las atrocidades. Las reformas más usuales son las purgas de los aparatos de seguridad con el fin de excluir a quienes participaron o colaboraron en atrocidades. Limitación de los poderes excepcionales de la fuerza pública y la reducción del presupuesto militar. Deben pagar los jefes.

 

El ejército tiene capacidad de influencia y la ausencia de control que adquirió en el transcurso del conflicto facilitó su relación con los paramilitares y la comisión directa de crímenes atroces.

 

Pero ahora todo es al contrario. El fuero militar penal les otorga el privilegio de sustraerse del control de la justicia ordinaria, lo cual dificulta que sean responsabilizados por los crímenes cometidos contra civiles. La propuesta de que participen en política haría posible que utilizaran el poder que les da las armas para influir en los votos de las comunidades bajo su control e incluso para ser elegidos.

 

Esteban Carlos Mejía, columnista del diario El Espectador de Bogotá escribe: “Lo digo sin rodeos: Uribe me cae como una patada en... salva sea la parte. Sus políticas me repugnan: entreguismo a trasnacionales, favorecimiento a terratenientes extranjeros y nacionales, neoliberalismo inclemente, convivencia con paramilitares, represión al pueblo, hostigamiento a magistrados, periodistas y opositores. Me parece un capataz mediocre, rezandero y vengativo, siempre a los gritos, insultando y machacando a los que no reverencian su presunta inteligencia superior. (…) Uribe no tiene sentido del humor ni honestidad política. El Centro Democrático se seguirá llamando así, aunque su nombre sea una flagrante mentira. Al igual que su precandidato favorito, este Pachito de los mil demonios, entre cínico y candoroso, con sus ideas silvestres, su ineptitud a carta cabal y su pose de camorrista: “Las moscas se espantan / Así que lo ven, / Y él mismo al mirarse / Se asusta también”. http://www.elespectador.com/opinion/santos-malo-uribe-peor-columna-439112

 

Y el gran escritor y columnista de El Espectador Alfredo Molano escribe: “No ha sido para menos la violencia que hemos vivido desde siempre. Las cabezas que cortaban los españoles y exponían en las entradas de los pueblos obligaban a la obediencia, al silencio, al acatamiento. Los miles de muertos de la batalla de Palonegro, que se suspendió por el hedor y porque ningún combatiente podía alzar un machete, dejaron una huella viva y sangrante. La Iglesia, para perpetuar el miedo a los enemigos de la fe —el liberalismo—, mandó construir catedrales por todas partes, la más famosa —el Voto Nacional— en el mismo lugar donde existía el paredón de fusilamientos. Para crear el terror, los chulavitas, durante la época de la Violencia, usaron las formas más brutales de mutilación de cuerpos y de exposición pública de sus partes. Los paramilitares heredaron las horrendas prácticas con idéntico objetivo. El terror paraliza, divide, amordaza. Los gobiernos han sido hábiles en crearlo, fomentarlo, aprovecharlo y no pocas veces en señalar a la oposición de hacer lo que ellos, los gobiernos, ordenan o permiten.

 

Al caso de la UP no se le puede echar tierra. Más de la que se les echó a los cadáveres que las “fuerzas oscuras” dejaban tirados. El país no puede olvidar que cinco días antes del asesinato de Bernardo Jaramillo, candidato a la Presidencia por la UP, Carlos Lemos, ministro de Gobierno de Barco, acusó a este movimiento de ser el brazo político de las Farc. El ministro actual del Interior sugiere que Robledo está detrás de las movilizaciones violentas de campesinos y mineros. Una semana después, los Rastrojos amenazan de muerte a defensores de derechos humanos y a dirigentes del Polo.

 

La fuerza pública ha especializado cuerpos de oficiales en publicidad y propaganda bélica como parte de lo que considera guerra sicológica. El mecanismo es simple: elaborar tendenciosamente toda información sobre orden público para dividir el país entre buenos y malos y justificar automáticamente todo exceso como blanco legítimo. Unos tacos de dinamita “encontrados” en Usme son presentados como bombas para atentar contra el ministro de Defensa. La impronta queda. Hoy abundan técnicas sofisticadísimas para crear pánico, zozobra, amenazas permanentes, atentados inminentes, terror gaseoso, y arrinconar a la ciudadanía para someterla y usarla. El uribismo, que conoce muy bien esas estrategias de intimidación y gobierno, hace cuanto está a su alcance para fomentar el apocalipsis. Santos se ha pillado el peligro: prestarles los micrófonos informativos a los coroneles y dejar que su primo ponga vallas puede salirle muy caro. Por eso ahora —quizá ya tarde— llama a no dejarse contagiar por el miedo, cuando durante los tres años no ha hecho más que jugar con el Frankenstein”. http://www.elespectador.com/opinion/historia-del-miedo-columna-439126

 

Y Piedad Bonnet escribe, también en El Espectador, refiriéndose al ex guerrillero tupamaro que hoy es el presidente de Uruguay y el más bello representante de lo que debe ser un político:

 

“Un viejo con unas alas enormes, sabio, al cual la experiencia, en vez de volverlo oportunista o ladino como a casi todos los políticos, le ha dado ecuanimidad y sentido de la realidad política. El rasgo que más ha resaltado la prensa es su austeridad. Que tiene un carro viejo, escriben con incredulidad, que vive en una casa de paredes descascaradas, que él mismo se hace de comer”. “Ha tomado la resolución de actuar con la razón”.

http://www.elespectador.com/opinion/un-viejo-unas-alas-enormes-columna-439140

 

 © ReVista OjOs.com

Se prohíbe la reproducción de cualquiera de los contenidos de la ReVista, así como su traducción  a cualquier idioma sin autorización de su titular. Email: fernando.guinard@gmail.com / Teléfono: (57) 318 3269478 - 319 2930843 Bogotá, Colombia