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CONFESIONES

 ReVista OjOs.com     AGOSTO DE 2012

Fernando Guinard por Darío Ortiz

Fernando Guinard por Fernando Maldonado

 

RECUERDOS DE INFANCIA

 

Estudié la primaria en colegios conductistas con profesores ignorantes, el bachillerato con los jesuitas, asistí a misa todos los días, a las siete de la mañana; comulgué todos los putos primeros viernes, hasta los treces años cuando compré las indulgencias plenarias que me salvaron de la condenación eterna.

 

Fui llamado por el director espiritual quien me preguntaba por mi ausencia de piedad. Y le contaba que también tenía malos pensamientos de índole sexual.

 

Jugaba básquetbol y realizaba ejercicios de gimnasia que esculpieron un cuerpo esbelto.

 

En quinto de bachillerato estudié interno y me salvé de la dictadura materna. Los campos deportivos y el billar me salvaron de la tragedia rutinaria del estudio. Mis amigos eran tres: el deporte, Lope Carvajal Puyana y Carlos Lozano, que siempre obtenían los primeros puestos y se repartían los premios de todas las materias. Gracias a ellos, que me soplaban las previas y exámenes, logré pasar con un promedio de tres aclamado.

 

El padre rector y el padre prefecto habían sido compañeros de mi padre que estudió en ese mismo colegio hasta que se fue a la Escuela Militar de Cadetes para servir a la patria donde alcanzó a llegar a capitán de caballería antes de que lo echaran, dizque por no hacerse matar del guerrillero liberal sogamoseño, Eduardo Franco Isaza, quien había sido amigo de infancia de mi madre.

 

Resulta que mi padre fue enviado al batallón Tarqui de Sogamoso para combatir las guerrillas liberales del llano. En Sugamuxi conoció a mi madre, se enamoraron y se casaron.

 

Los gobiernos conservadores mandaron a mi padre a matar guerrilleros liberales, acompañado por humildes soldados, esa carne de cañón que pone el culo y lucha por mantener en el poder a clases políticas y terratenientes corruptas y asesinas.

 

Y los guerrilleros de Eduardo Franco Isaza emboscaron a mi padre y asesinaron a todos los jóvenes soldados, pero a él no lo mataron porque era el marido de su amiga de infancia, y le echaron plomo en los pies para que corriera como alma que lleva el diablo.

 

Y le realizaron consejo de guerra por cobarde.

 

Mientras mi padre estaba en el ejército, acompañaba a mi madre a ver como los jinetes militares montaban hermosos caballos, y conocí al coronel Vidal, el gran campeón de salto que montaba al gran Jorgito, y a otros señores uniformados que después se convirtieron en los Generales Matallana y Puyana García, con quienes mi padre jugaba póker en el Club Militar, y quienes lo visitaron en la funeraria cuando murió.

 

Fue una infancia con buenos recuerdos, excepto los amargos momentos que pasé en la adolescencia con los matones mayores del internado en el colegio San Bartolomé La Merced, más viejos y más brutos que yo, me ponían los ojos negros a trompadas porque les ganaba en el billar.

 

Otros se burlaban por mi carácter taciturno y temperamento nostálgico.

 

Y la sinusitis, me la curaron en el Hospital Militar.

 

Cuando se quemó el negocio de mi padre, por pedido de mi madre, le pedí al padre rector, Fernando Barón, que becara a mi hermano Ricardo.

 

Y concedió la beca.

 

Recientemente, en la exposición del maestro Filomeno Hernández, en casa de Jaime Ruiz Montes, tuve la oportunidad de conocer al Mayor General, Eduardo Antonio Herrera Berbel, rector de la Universidad Militar Nueva Granada, sencillo, culto, sensible, elegante, ejecutivo eficiente y de gran productividad para dirigir un proyecto educativo con recursos propios. Me invitó a conocer la nueva sede y a la celebración de los 30 años de fundación de la Universidad, y también me invitó a la sede de la calle 100 donde se realizó el concierto de la Orquesta Sinfónica de Colombia dirigida por Ricardo Jaramillo y con el maravilloso Valeriano Lanchas como solista.

 

El presidente Juan Manuel Santos habló de la educación como la única tabla de salvación que tienen aquellos que desean sobrellevar la existencia con dignidad, honrar a su país y a sus semejantes con valores y ética, y convivir, en medio de las diferencias, con capacidad analítica y espíritu humanitario.

 

Mientras se iniciaba el concierto de la sinfónica y Valeriano Lanchas, tuve la oportunidad de conocer y dialogar con el maestro y tocayo Fernando Soto Aparicio, escritor boyacense de 70 años que llegó a Bogotá a la edad de 27. No estudió primaria ni bachillerato y ha sido premiado en diferentes certámenes internacionales. Es doctor Honoris Causa, Laureatus in Literature de la Universidad Philo Bizantina de Miami, Florida; Doctor Honoris Causa en Humanidades, de la Universidad Interamericana de Ciencias Humanísticas, de Buenos Aires, Argentina; Professor Emeritus in Literatura, de la Universidad ASAM, de Roma, Italia; Miembro Correspondiente de la Academia Boyacense de Historia, Tunja; Miembro de la Accademia Nazionale di Lettere, Arti e Scienze “Ruggero II di Sicilia”, Palermo, Italia; Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua, Premio Nacional de Poesía en 1973, autor de 30 novelas, 1297 capítulos de adaptaciones para televisión, 3695 capítulos originales de libretos de televisión, innumerables textos poéticos, más de 1500 conferencias, y no más, porque no hay mucho espacio.

 

Cuando le pregunte cuáles eran sus resortes íntimos en el proceso de escritura y qué hacía cuando no escribía o dictaba clases y talleres en la Universidad, me respondió que su vida era leer y leer y que a la hora de escribir había que hacerlo de una, que él se sentaba cuarenta días seguidos y escribía una novela, de una, sin perder impulso porque de lo contrario no había caso. Cuando le pregunté la causa de su escasa aparición en antologías poéticas realizadas por los poetas del país de los poetas, el maestro Fernando Soto Aparicio me respondió. “Para los poetas, yo no soy un poeta, no existo. Los escritores y poetas, en su gran mayoría, son envidiosos, cretinos y malas personas”.

 

Y entre muchas cosa más me dijo que no entendía la poesía de Raúl Gómez Jattin, y que el poeta Jotamario Arbeláez le simpatizaba mucho y lo tuvo alojado en su casa de París cuando era representante de la Unesco. Y que tenía más de 10 novelas pirateadas, y que contra la piratería no se podía hacer nada, que era una plaga como la clase política corrupta, indestructibles como las ratas. Y su Rebelión de las ratas, que ha sido su novela más pirateada y traducida a muchos idiomas, cuando puso por primera vez el denuncio por piratería, de inmediato lo llamaron a él y a su editor y les dijeron que quitaran las denuncias, que ellos ya sabían las rutinas de hijos y nietos y que si seguían jodiendo los matarían.

 

¡Horror!

 

Eso de ser escritor es difícil.

 

Y ahora después de 22 años de la publicación de El Espíritu Erótico y su nueva reimpresión, mejorada según los consejos dados por el maestro Alejandro Obregón, en 1990, puedo decir con el escritor San Gonzalo Arango lo siguiente: “Un libro no se hace nunca con la inteligencia, ni con el alma, ni con esos dones metafísicos que son caros a ciertos espíritus idealistas; un libro auténtico es aquel que se escribe con el cuerpo, en el que están reunidos el sudor, el pelo, la respiración, el amor físico, las vísceras, los zapatos rotos, las células cerebrales, los éxtasis, la esperanza y la desesperación y desde luego, las ganas de orinar que sorprenden al santo en mitad de   su oración y al escritor en el absurdo y espantoso ascenso hacia el infierno de la belleza”.

 

Me encanta el arte en todas sus variantes, pero esto no significa que me guste el arte dirigido por bandas de paraartistas que se infiltraron como un cáncer en el arte oficial con su manto de estupidez y banalidad, y reparten mendrugos del poder para que los artistas no ladren y puedan dormir tranquilos.

 

Me causan estupefacción algunas personas que manejan la cultura en los ministerios y galerías oficiales y privadas, como el Museo Grau y la Galería del Tecnológico de los Andes que dicen “no me gusta” o “no está en nuestros planes ese tipo de artista”, como respuesta a la propuesta expositiva de un gran pintor como es el maestro Fernando Maldonado.

 

No me gusta la bruja que ha rechazado la obra del maestro Ángel Loochkartt para la pinacoteca del Banco de la República, tal vez porque es la única mujer a la que el maestro no le ha sonreído ni le ha regalado un piropo diciéndole que es la mujer más bella del universo.

 

Tampoco me gusta la señora de Divulgación Cultural de la Adversidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, que saboteó la exposición Femenino Masculino Arte & Erotismo, un homenaje que Ricardo Arcos Palma, director del Museo de Arte de la Universidad Nacional realizó en honor del Museo Arte Erótico Americano MaReA, y los maestros, Jim Amaral y Ángel Loochkartt, por sugerencia de quien esto escribe.

 

Tuve que esconderme para que no me vieran en compañía del avizor escritor de los Vistazos Críticos.

 

Tampoco está entre mis planes sonreírle a la bruja, de cuyo nombre no quiero acordarme, que manifestó que el MaReA era un proyecto de homosexuales.

 

El egoísmo y la zancadilla del diario vivir para hacer caer a quienes crean belleza y dan amor, erotismo y generosidad.

 

Las brujas terribles, esas que no se las comen ni los maridos ni los mozos, siempre tratan de jugar sucio, pero estoy preparado con el espíritu de un guerrero. Sonrío cuando las veo salir de misa con sus mantillas que les cubren las ojeras por el trasnocho que les causa la introducción de consoladores que les desgarran las entrañas.

 

Por eso me inventé la ReVista OjOs.com de los amigos del MaReA, para escribir lo que se me dé la puta gana y no tener que lamerle el culo a nadie, para publicar y exhibir lo que me plazca y emocione, y compartir con grandes escritores, poetas, pintores, escultores, dibujantes, artistas gráficos, fotógrafos, performancistas, happeners, instalacionistas, bailarines y hermosas mujeres de espíritu creativo y cuerpo expresivo.

 

Actuamos como avispas ponzoñosas que clavan su aguijón en los cerebros cancerosos que hay que extirpar, actuamos como los antiblenorrágicos que no atacan ni al riñón ni al estómago sino directo a la infección.

 

Los curadores cuestionan la institución arte, pero también ellos se han vuelto una institución, las mismas convenciones, los mismos jurados.

 

La historia de mi vida es una sumatoria de desafectos, desamores y placeres. Pero hay momentos en que la ternura toca a mi puerta y el espíritu se abre para recibir bellas mujeres primorosas de sexos ardientes.

 

Y para despertar más envidia a los babosos y a las brujas terribles, participo de una amenaza que me hizo una Venus cuyo nombre me reservo.

 

Dice así esta princesa intergaláctica.

 

“¡¡¡Hola Fernando!!! ¿Cómo te acabó de ir por la ciudad bonita? ¿Qué tal el conversatorio? Me hubiese gustado ir a escucharte y despedirme de ti, pero motivos de fuerza mayor me lo impidieron. Es más, te confieso, mi papi (autor de mis días) sabía que quería atenderte si lograba sortear todo el corre-corre del día viernes, y me dejó en su consultorio un Merlot Misiones de Rengo que un paciente le obsequió, peeeerooo, estuve la verdad muy ocupada, sólo tuve tiempo para subir a mi muro la difusión del conversatorio en la Fundación Artemisia. Espero de corazón que todo haya salido ¡¡¡divinamente!!! Que tu próximo viaje a Bucaramanga sea ¡¡¡pronto!!! Y poder atenderte como se debe, unas buenas pastas con salsa boloñesa o una deliciosa lasaña, un vino tinto y una ensalada italiana (lechuga romana, tomate cherry, piccolinos de queso pera, lonchitas delgadas de jamón serrano, tomates secos y rúgula, bañados en aceite de oliva y salsa soya). . . o róbalo en salsa a base de anchoas tailandesas, aguacate, cebolla (opcional), tomate y maíz desgranado (opcional). Gracias a ti, Fernando, por tu presencia y aporte a la cultura y el arte a la ciudad bonita. Qué sea la primera de muchas. Saludos, un beso, y un abrazo llenito de energía positiva. Si te ves con el maestro Angelito, como de cariño le digo al maestro Ángel Loochkartt, por favor me lo saludas de mi parte.

 

Esta ReVista de aniversario está dedicada a la sagrada presencia de las Venus del MaReA, cómplices de los éxtasis, que nos prestan sus pieles sudorosas con olor a rosas, jazmines y perfume de caballero; y a sus espíritus, palabras, toques y piropos, a quienes recuesto mi atenta mirada sobre sus cuerpos con placer inmenso para aunar afectos.

 

Fernando Soto Aparicio.
Tomado de: http://www.librosyletras.com/2016/05/a-fernando-soto-aparicio.html

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