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ARTISTAS INVITADOS /  LUIS AGUILAR PONCE por MANUEL E. MONTILLA

 ReVista OjOs.com    OCTUBRE DE 2016

LUIS AGUILAR PONCE, ESTA PIEL TROPICAL QUE NOS CUBRE

 

 

Afirma Molière, "La única regla es el placer".¿Sólo el placer? Por su parte el filósofo André Comte-Sponville, enuncia: "La belleza no lo es todo. La técnica no lo es todo. Antes que producción o habilidad, el arte es fundamentalmente revelación, instauración o establecimiento de una verdad". ¿Únicamente la verdad? En su momento Pietro Aretino proclama, "poichétutti per fotternatisiamo" (pues todos para coger hemos nacido). ¿Nacidos para coger? Y es que el arte, en una suerte de contravía, de amalgama, nos otorga una verosimilitud intemporal que nos rescata para la vida, para fundamentarnos esa otra orilla, fuera de la realidad, pero que sin la cual nada es. Nada se concreta. Ciertamente el arte prefigura al hombre. Lo trasciende en su completud, lo diferencia, le concede la alegría, le construye una memoria, le apertura la sensorialidad. En lo subjetivo le vislumbra lo universal.

 

Luis Aguilar Ponce fue un artista. Un hombre con urgencias, con perentoriedades, en el sinsentido, en la brasa enfebrecida. Buscaba, con Kant, "aquello de lo que no puede darse ninguna regla concreta." Su trasiego vital es signado por la celebración de la inmanencia, de esa conciencia fundamentada en la especificidad, del arte como conformación de lo humano. Por ello fue un constructor de idearios. Un maestro que externa las incertidumbres que nos hacen corpóreos, perecederos y terrenales.

 

Aguilar Ponce es, en el acervo plástico panameño, el convalidador de una singularidad humanista generada en el erotismo y que, confluyente, se torna  una gestión, de color, carne y geometría, para desvelar nuevas presencias sibaritas en esta piel tropical que nos cubre. Epicureísmo e intensidad para la vida. Voracidad para una fuerza primaria que rompe formas y conceptos, que establece emociones como sustrato primordial del arte. Que en conflagración nos deconstruye como materia concatenada en silentes gritos de expectantes arpegios pasionales.

 

Aguilar Ponce nos enseña a descubrir cada nuevo recodo de piel, de sensualidad y de vivencias intensas, de violenta diáspora, en un mundo donde el color eclosiona con una fuerza primigenia y voraz. Estas obras nos hablan de un artista en movimiento, que no ceja su lucha con la forma y el concepto, que encuentra en su hacer una riqueza de emociones tal que nos las transmite sin ambages y logra la razón primera del arte: comunicar. Comunicar a viva voz. Es interesante ver cómo, Aguilar Ponce, conforma esos cuerpos en mixtura permanente, en tensión erótica activa, y cómo restituye las emociones que sus personajes externan, que esos torsos transmiten, que sus líneas vinculan, en un alarido contumaz de expectantes notas fácticas.

 

En algunos casos aparecen la soledad y las hendiduras por donde se fraccionan, escapan, esos mundos humanos en dispersión. Es entonces cuando el artista logra sus cotas más personales y donde se desnudan sus cercanías con esas sus creaciones, donde sensaciones a piel abierta permiten vislumbrar una de las aspiraciones más plenas y más humanas: la esperanza. Y es que si el arte es verdad, no menos es pasión. Pero también es derrota, soledad, fraccionamiento, hendiduras. Donde, disgregados, escapamos a escenarios más profanos, en los que desnudos vislumbramos esos esguinces insurrectos de plenitud. Donde al descubrirnos en las infinitas variables del deseo, de temores y expuestas vergüenzas, encontramos el extravío de una totalidad vitalista que nos permite aceptarnos como carne transgredida, como realidad de plétoras, de usufructos, de exultación, de codicia por el tiempo. Nuestra Némesis. Nuestra circunstancia.

 

Una de las características más acentuadas de las obras de Aguilar Ponce es el desbordamiento voluptuoso, en el que forma y color interactúan de manera mancomunada para dar, al espectador-voyerista, una suerte de suma total lasciva en su piel más sensible, en el deseo más profundo. Aguilar Ponce descarna el pudor público hacia el sexo con una elegancia y un enfoque sibarita que lo hace depositario de la tradición universal de los llamados Gabinetes Secretos, desgranando los lindes con una concupiscencia de altas cotas estéticas. De silentes intervalos de lubricidad. En su obra la búsqueda del eros es una constante germinal y perentoria. Es una visión propia y humana de las relaciones sexuales con un profundo estudio de los caracteres de sus personajes y un arriesgado uso emocional del color y de la línea.

 

La obra plástica de Luis Aguilar Ponce mantiene una plena concreción de ideas y su núcleo emotivo gira hacía una cromatura expresiva. La interacción de los fragmentarios cuerpos de féminas ubérrimas mixturados con elementos geométricos implica un ordenamiento de conceptos matemáticos que comportan espacios planimétricos y preestablecen una intensión certera con estamentos vivenciales de orden sicológico, fáctico y de trasmundos en digresión. Aguilar Ponce devela los lazos íntimos que nos unen a la búsqueda filosofal de la carnalidad esencial, trémula, con las inquietudes de los descubrimientos de nuestra propia urdiembre epidérmica. Detona las infinitas variables con que auscultamos en la interioridad más freudiana y nos insta al devaneo con las fuerzas inquietantes que desnudan estos deseos insatisfechos, nuestros temores, nuestras abyecciones. En fin, nos dice que somos algo más que simple éter extraviado en una cosmogonía interdimensional y que estamos aquí para la vida, plena y en disfrute. Estamos en busca de nuestra real esencia… de nuestra carne… de nuestra dignidad… y de nuestros baldones.

 

Ahora nos enfrentamos a su última frontera contra el expolio.Despojado de vanidades, solo con lo contingente a los seres humanos: sus hechos y sus obras, su vida y sus olvidos, sus sombras y sus pasiones, sus abominaciones y sus cinismos. El balance lo hará el devenir. Nosotros, exultantes, lo celebramos para marcar la ruta de evasión, de consternación y de eternidad.Para ocultarnos la ausencia, para hacerla transitable. Para cumplir la promesa. Para vindicar el ansia innominada. Para encontrar más allá de nuestras torpezas el orgullo de ser. El estupor simple y sencillode construirnos…¡Solo eso… ser!

 

Por alguna razón que el hado se guarda, poetas y pintores caminan juntos en estas sendas de extravío y ausencia, que no de indolencia ni aflicción, que no de amargura ni flaquezas. Que, por el arte, la verdad es alegría. La palabra y la línea cabriolean sincrónicas ante lo imponderable. Entonces el poeta, en este caso Dimas Lidio, nos susurra su querencia: "Si ni el pintor ni yo somos cartujos / ni sectarios de vicios escondidos, / ¿por qué disimular los consabidos / retozos de la carne y sus embrujos?".

 

Manuel E. Montilla

Septiembre de 2016.

En algún lugar de Mesoamérica.

Luis Aguilar Ponce

Luis Aguilar Ponce


Panamá 1943 - 2015. Licenciado en Pintura por la Universidad Autónoma de México (1968), participó en muestras colectivas en Colombia, Costa Rica, Cuba, México y Panamá. Su obra estuvo presente en las bienales de arte de la Habana, Paris, Sao Paulo, Cuenca, Valparaíso, en la Bienal de la Acuarela en México y en la Trienal de la India. Realizó muestras individuales en México, Holanda y Panamá. Fue profesor y director de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de Panamá, docente universitario, Embajador de Panamá en la India. De 1990 a 1992 residió en Holanda, donde pintò murales.

Entre septiembre y octubre de 2016 se expuso, en la Galería de arte A Priori, de la ciudad de Panamá, la muestra Ultimas Obras, un homenaje al primer año de su fallecimiento ocurrido el 13 de septiembre de 2015.

Manuel E. Montilla

Panamá, 1950. Viandante, artista multidisciplinario, editor, investigador visual, gestor cultural, curador, comunicador social, bibliófilo, coleccionista. Director Ejecutivo de la Pinacoteca de Arte Contemporáneo de Chiriquí y de la Fundación para las Artes Montilla e Hijos. Habita en David, Chiriquí, donde se dedica a las investigaciones artísticas y literarias, a la edición alternativa, al diseño gráfico, a la fotografía creativa, al arte público y a la gestión cultural y patrimonial. Vive en silencio.

www.manuelmontillaarte.com

 

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