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COLABORADORES / ÁNGEL BECCASSINO

 ReVista OjOs.com      MARZO DE 2012

Ángel, Beccassino, ReVista OjOs.com, El Espíritu Erótico XXI

EL ESPÍRITU ERÓTICO XXI


4. El Pene Pop.

 

En una revista italiana Valeria Marini monta una enorme mortadela y al verla viene a la memoria aquel papiro egipcio del 1300 a. C., donde una mujer desnuda se masturba sobre un cono puntiagudo al tiempo que se maquilla ante un espejo. Conocedor o no de aquel papiro, y absolutamente ajeno al encanto de Valeria, Diógenes pensaba que la mejor manera de resolver la cuestión del sexo era a través de la masturbación, agregando que el onanismo era motivo de orgullo y podía realizarse en público.

 

Una amiga me dice, cuando le menciono el pensamiento del griego, que ese es el espíritu erótico de hoy. Y escuchándole recuerdo a un sargento de aquel célebre Escuadrón de Masturbadores brasilero que torturaba durante la última dictadura militar haciéndole a los prisioneros una y otra vez aquello, que me contó una vez en un bar que la masturbación era buena contra el cáncer de próstata, y por eso no estaba mal lo que había hecho. Después, en algún momento del año 2003, o 2004, leí en la revista británica New Scientist, de una investigación australiana encabezada por Graham Giles, del Consejo del Cáncer de Victoria, Melbourne, que había concluido que la masturbación podría proteger a los hombres contra el cáncer de próstata, como decía el masturbador aquel para lavar sus culpas.

 

Para comprender por dónde va el erotismo en el siglo XXI hay que comprender la situación del falo. “Antes se le llamaba falo al pene y después se comprendió que la idea de falo es bastante más amplia. Pero un poco más tarde también hubo que admitir que en esa idea de falo entran no sólo las erecciones y las anécdotas poderosas, sino las iniciativas, el poder, la voluntad, la seguridad, la capacidad de seducción, la manipulación más o menos consciente del deseo. Antes el falo parecía resumir la fuerza masculina, la fuerza física y mental. Pero ahora el falo es de cristal. Si se cae, se rompe. Lo tienen ellos o ellas indistintamente. Y en rigor, ni ellos ni ellas están satisfechos de tenerlo. Ellos y ellas se quieren sacar el falo de encima. Nadie quiere ser fálico. El falo de cristal yace en el piso, roto, testigo de otro tipo de relaciones en las que él hubiese sido necesario. Hoy no. El poder, eso por lo que pelearon durante años hombres y mujeres, ya no es un atributo deseable.” (Sandra Russo, Página 12, Buenos Aires, 23-12-2006).

 

Es una visión. Hay otra, y es la posibilidad de controlar, dentro de ciertos parámetros, la erección. El anatomista Varolius explicó hacia 1573 que la erección fálica es un mecanismo por medio del cual la sangre queda atrapada en los cuerpos cavernosos causando crecimiento y dureza. Y en 1952 Conti amplió a Varolius con el concepto de que en la erección se producía un flujo mayor de sangre arterial dentro del pene. El problema del erotismo en el hombre, indica la ciencia, es que el cerebro requiere mucha sangre, al igual que el pene, y sólo tenemos suficiente para uno a la vez. Así como podemos afirmar que el climax sexual corta el pensamiento, también podemos decir que el sexo mata al erotismo dejando como resto el cadáver de la erección.

 

El pene es la erección. “Sin erección, el pene no es falo. No se trata de tener el miembro colgado al cuerpo sino que en su erección muestre el atributo de potencia anhelado. Así, el órgano eréctil viene a simbolizar el sitio del goce y a su vez predispone a la fantasía de caducidad, habida cuenta de su eventual detumescencia”, explica el psicoanalista Eduardo Said refiriéndose a estos tiempos de Viagra y Cialis, y agregando “La medicina apunta contra el síntoma manifiesto, sin interrogación por la causa. (…) Refuerza el mandato de la erección como atributo garantizante de la masculinidad. Sólo se es hombre con erección asegurada. Sólo se es hombre “al palo”.

 

Y “al palo” se está solo cuando es a la vista de todos. Cuando se exhibe. “Ser actor porno es una fantasía masculina, como tener sexo en el automóvil, en la playa o estar con dos mujeres: son escalones que todo muchacho de entre 20 y 30 años quiere cumplir. (…) Cuando vivís la película porno te das cuenta de lo difícil que es hacerla. Es casi una coreografía; llegas ahí y, ¿qué haces? La erección no se puede actuar ni planificar; es el último rincón auténtico de la humanidad”, cuenta su experiencia Julián Gorodischer.

 

De la India vino el piercing en el pene, que demora en cicatrizar hasta diez semanas y cuyo éxito entre algunos tiene que ver con que puede originar una estenosis, aquel estrechamiento de la uretra técnicamente conocido como parafimosis, lo que significa estrangulamiento del glande por retracción de la piel, pudiendo llegar a producir priapismo, persistente erección. Pero hay otro tipo de soluciones, si se quieren resultados con confort. Ingerida la pepa azul de Viagra, media hora o algo más después la sangre se mueve hacia el pene si este es estimulado. Aumenta entonces la temperatura en el rostro, enrojecen las orejas, las arterias del pene se relajan y se expanden permitiendo que fluya más sangre. Al endurecerse las arterias, las venas que normalmente transportan la sangre fuera del pene se comprimen, restringiendo la salida del flujo de sangre. Con más sangre fluyendo hacia adentro y menos hacia afuera, el pene se ensancha y oh, la, lá, su majestad la erección.

 

Entonces puede darse aquella situación que narraba Erica Jong: “Una vez que el pene ha sido introducido en el poema, la poeta se baja hasta quedar sentada sobre el muso, con sus piernas hacia afuera. Él no necesita moverse. La poeta estará en posición erguida y subirá y bajará su cuerpo rítmicamente hasta alcanzar la última línea. Ella podrá hacer una pausa en sus movimientos y también podrá mover su pelvis y abdomen hacia adelante y atrás, o hacia los costados, o con un movimiento circular de tirabuzón”.

 

¿Es solo un tema de obligación del hombre esto de la disponibilidad de la erección, o hay algo que está más atrás, en la memoria antigua, quizás? En China, durante la dinastía Han (25-220 d. C.), el arte registra la multiplicación de falos de bronce y otros accesorios sexuales, como reflejo de una teoría de moda que veía posible la inmortalidad a través de exacerbar la acción del pene. Un manual taoista de la época sostenía que el Emperador Amarillo la había alcanzado tras mantener relaciones sexuales con mil doscientas mujeres, y que el sabio Peng Tsu había logrado una edad respetable a base de hacerlo con veinte muchachas cada noche.

 

Antes del Viagra hubo bonanza de bombas de vacío, que favorecían la afluencia de sangre al pene, aumentando su volumen. Y se ayudaba al efecto con la aplicación de un anillo levemente elástico alrededor de la base del pene, para mantener la erección producida por la bomba. También se hacían ejercicios con los penes, masturbándose suavemente, provocándose erecciones y manteniéndolas durante períodos cada vez más largos, sin eyacular. Procurando que el tiempo se dilate, como en un yoga tántrico sin filosofía. Y hubo quienes se colocaban sobre el pene erecto una toallita mojada, a la que se mojaba cada vez un poco más, para aumentar su peso, considerando que esto favorece el desarrollo de los músculos que mantienen la erección, volviendo al pene no solo más duro sino también capaz de mantener esta dureza por más tiempo.

 

Una amiga documentalista a quien le colaboré en unos videos sobre la vida nocturna latinoamericana que hizo para HBO, me decía que luego de mucho trajinar había concluído que el símbolo del erotismo siglo XXI es la idealización del pene erecto sobrenatural, y su mejor manifestación el fistfucking, esa práctica consistente en introducir el puño como pene, al que considera un paso más allá de lo sexual. ¿Erotismo post-sexual? Tal cual, dice ella.

 

Hoy la gente se produce para encarar la noche, o el día. Los sex shops ofrecen vibradores con dos cabezas, muñecas inflables, vaginas de latex con succionador, ropa íntima que se come, penes de latex con bombas

incorporadas que les permiten expulsar un líquido que evoca semen, velas para aquellas que aprecian la parafina derretida sobre la vulva o el ano. Y sobre un hit musical de fondo que pide “Córrete en mi boca”, un hombre declara en horario central de televisión que el pene no se puede decir que sea bello, pero tiene esa cosa escultural, es como una fuerza, en cambio la vagina no. Luego viene un mensaje publicitario ofreciendo un cinturón de castidad con un corazoncito en el lugar del ano, y otro promociona Trucco, maquillaje, en italiano para que luzca más tentador el ano. Y en algún rincón de la habitación amarillean las páginas donde Desmond Morris explica algo así como que el maquillaje imita el rubor que enciende las mejillas de las chicas cuando hacen el amor, y que la boca pintada, esa evocación de vagina, recuerda la rojez de los labios durante el orgasmo. Tacones altos y vestidito breves, una súper heroina cansada, colgando el antifaz, entonces dice “Al principio lo diferente siempre nos produce temor o repulsión, pero al final nos atrae. Nadie se puede librar de eso”.

(Diamante, Argentina, 1948). Realiza desde 1970 propuestas de arte mediante intervenciones en el espacio público, videoinstalaciones, videoesculturas, performances,

ensamblajes, collages, instalaciones fotográficas, happenings mediáticos. Escritor, músico, fotógrafo, periodista.

Ha realizado propuestas en galerías y centros de arte de Nueva York, Tokio, Buenos Aires, Río de Janeiro, Berlín, Bogotá, México, Barcelona, Quito, Medellín, Cali y otras ciudades.

Como fotógrafo tiene publicados seis libros, entre ellos Los Bordes de la Realidad (1983), Laberintos y Oráculos (1986, edición del Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá), Todo Beso es un Iceberg (premio Lápiz de Acero, Colombia, 2000), El Hígado del Circo un Espejo (II Bienal de Amor & Éxtasis, 77 Orgasmos/Reflexiones sobre el morir (Frank Laser, 2005). Como periodista ha sido corresponsal de medios gráficos iberoamericanos en Asia y Europa, cubriendo en Beirut, durante la década de los 80s, la guerra del Líbano, y en Colombia diversas alternativas de la violencia que vive el país.

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