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COLABORADORES / ÁNGEL BECCASSINO

 ReVista OjOs.com      OCTUBRE DE 2011

Ángel, Beccassino, ReVista OjOs.com, El Espíritu Erótico XXI

EL ESPÍRITU ERÓTICO XXI

 

 

El rizoma de la risa roza tus rosados

y se erizan

El ruido de las ostras en tu boca

Evoca un abanico de olas

Tus muslos parpadean

El mar se libera de las anclas.

 

1. Cierta erótica fatiga en la mirada.

 

Agua de mar con limón en el vaso. Chicas frías mirándote como si fueran la mejor chatarra. La Organización Armada Lubricante planea un atentado, informan las noticias. Tiro en la garganta, salida destrozando el cráneo, en una página del diario. Y en la otra un culo ovárico y aquel trozo de espejo en las venas derramando. Ella pregunta ¿me bajas tus gustos?, y luego agrega, abriendo opciones ¿O quieres que te queme un par de orgasmos? El erotismo no es lineal, viene en zigzag, se va armando con fragmentos, como un mosaico. Un mosaico que se convierte en obsesión cuando su imagen o algo que hay en ella, se apodera de quien lo arma, le inquieta, le perturba, desestabilizándole como la presencia de una medusa en el agua.

 

El erotismo es como ondulado. Siempre está latente, pero se manifiesta con cierto desgano. Con ese tipo de desgano con que crece una erección con los años (“Cuando eres joven un par de zapatos de mujer con tacón alto en un closet puede encender tus huesos, cuando eres viejo es sólo un par de zapatos sin nadie adentro”, decía Charles Bukowski cerca del ocaso).

 

El erotismo es insinuación de algo que no encaja con lo que esperabas. El laberinto que se abre en la erección y un paisaje de mar jadeante esparcido sobre el fondo. Es el lado invisible del iceberg, la inquietud que provoca la raíz enorme, la oscura montaña sumergida dentro de uno. Esa cosa latente en aquel prostíbulo donde los ancianos pagaban para acostarse junto a jóvenes dormidas, sin tocarlas, que narra Yasunari Kawabata.

 

Un amigo que trabajó en el zoológico de Dortmund, en Alemania, me contó que allí a los orangutanes cautivos les pasan películas porno para activarlos sexualmente, y cuando más se excitan es cuando las protagonistas son pelirrojas, aquella variable que menos ven entre las visitantes a sus jaulas.

 

Hacia 1880 Nietzsche, Freud, Rilke arden en contacto con una joven rara, flaca, huesuda, inteligente, fuerte, de origen ruso, a la que el gusto de la época, enfocado en muchachas regordetas como querubines de Rubens, vería apta únicamente para un gusto perverso, degenerado. Lou Andreas Salomé era su nombre, y los tres se iluminan con su oscuridad, se transforman en contacto con ella y sacan de sí algo que desconocían hasta entonces. Porque lo que detona el conocimiento interno es siempre lo que rasga, lo que inquieta porque no cuadra.

 

Por otra parte sabemos que por sobre lo explícito, lo que dibuja, la melodía, lo que raya la atención, el deseo, las ganas son las sombras, los subtextos. Una cama deshecha, aún caliente, oliendo a semen, mar y flores, una ventana que se abre, una sensación de presencia en el aire. Ese como estar dentro de un agua e imaginarse entre las manos de alguien que sabe.

 

Como las trufas blancas que husmean perros y cerdos en Italia, la luz erótica es escasa. Atracción y repulsión a un tiempo, como ante Schiele, Bacon, Picasso, Sade, Nabokov, Miller, Oshima mostrando que el límite es la muerte, lo que acaba. Y en ese límite se tejen las pulsiones. Ahí vive ese espíritu erótico que invocamos.

 

Lejos de esa comprensión pero intentando acercarse a ella desde un lugar brutal, buscando contactar con un lenguaje que engarce lo erótico en la cotidianidad de los nuevos tiempos, Bob Flanagan martilla su pene con un clavo a una tabla, Keith Broadwee pinta una serie de obras expulsando chorros de pintura por el ano y Günther Brus se presenta en un escenario, orina y defeca ante el público, y luego se masturba cantando el himno nacional de Austria.

 

Quien se acerca al erotismo contemporáneo de una forma más acertada es Sigmund Freud, que utiliza para referirse a él un término muy concreto, Wert, “valor”, porque su mirada sobre lo erótico se relaciona con lo que el Otro está dispuesto a pagar por el objeto. Aquello que en el Sahara se medía con el número de camellos ofertados.

 

Partiendo de este Wert freudiano Jacques Lacan desarrolló la cuestión del juicio de valor a propósito del goce, mediante la oposición del valor de uso y el valor de cambio. Y al hacerlo señaló el punto de partida más adecuado para observar este espíritu erótico nuevo siglo, donde el erotismo, como todo, se ha vuelto un mercado con segmentos bien determinados.

 

La civilización se ha reducido a la oferta de objetos y la demanda de desahogo o de placer. Y la mejor expresión de eso es el servicio de tiempo sexual, la prostitución que me permite el quiero, compro, uso, descarto, consumo. Prostitución respondiendo a la obsesión oral anal que produce el vacío del sentido que pretenderíamos tuvieran nuestras vidas. Prostitución de culto masivo en el mundo de ese zapping sexual que podemos ver como la deriva del zapping de imágenes en las pantallas, de la falta absoluta de concentración, de la carencia de sentido del presente, del tragar entero, del olvido del placer de saborear.

(Diamante, Argentina, 1948). Realiza desde 1970 propuestas de arte mediante intervenciones en el espacio público, videoinstalaciones, videoesculturas, performances,

ensamblajes, collages, instalaciones fotográficas, happenings mediáticos. Escritor, músico, fotógrafo, periodista.

Ha realizado propuestas en galerías y centros de arte de Nueva York, Tokio, Buenos Aires, Río de Janeiro, Berlín, Bogotá, México, Barcelona, Quito, Medellín, Cali y otras ciudades.

Como fotógrafo tiene publicados seis libros, entre ellos Los Bordes de la Realidad (1983), Laberintos y Oráculos (1986, edición del Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá), Todo Beso es un Iceberg (premio Lápiz de Acero, Colombia, 2000), El Hígado del Circo un Espejo (II Bienal de Amor & Éxtasis, 77 Orgasmos/Reflexiones sobre el morir (Frank Laser, 2005). Como periodista ha sido corresponsal de medios gráficos iberoamericanos en Asia y Europa, cubriendo en Beirut, durante la década de los 80s, la guerra del Líbano, y en Colombia diversas alternativas de la violencia que vive el país.

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