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HOMENAJES / ALEJANDRO OBREGÓN

 ReVista OjOs.com      JUNIO DE 2012

Foto: Guillermo Angulo

ALEJANDRO OBREGÓN

 

 

"El pintor que piensa es peligrosísimo y el que da reportajes es un desastre".

 

"Es más fácil pintar al hombre derrotado que al hombre victorioso, éste no tiene cicatrices, no tiene nada".

 

En un país plagado de paramilitares de diferentes calañas y de paraartistas enquistados en la burocracia

del poder cultural, los independientes son marginados por el sólo hecho de sensibilizar y desembrutecer.

 

Los paraartistas tienen alguna vinculación con el arte sin llegar a ser artistas.

 

El 11 de abril de 1992 murió, a la edad de 72 años el gran pintor colombiano Alejandro Obregón. Ya son veinte años y su Casa de la Calle de la Factoría no se ha convertido ni en Casa Museo ni en Centro Cultural ni en nada. Desidia oficial absoluta. ¡Qué tristeza! En la ciudad de Cartagena muchas cumbres internacionales y mucho turismo y prostitución y muchos políticos bandidos e incompetentes y ex presidentes del congreso encanados. ¡Qué horror!

 

La única iniciativa para rendir un homenaje a su mágica presencia en el mundo de las artes colombianas provino del pintor barranquillero Ángel Loochkartt, quien trato de armar un equipo integrado por Rodrigo Obregón, Gilberto Cerón, Juan Manuel Lugo y Jaime Ruiz como Gerente del Proyecto.

 

Los Inasibles se llamaba el grupo que pretendía hacer el homenaje al maestro que no era otra cosa que un homenaje a ellos mismos y a sus egos. Después de muchas reuniones Ángel Loochkartt, Rodrigo Obregón y Juan Manuel Lugo optaron por sacar a lo cerdo a Gilberto Cerón y a Jaime Ruiz Montes, el gerente del proyecto quien había prestado su casa para reuniones y planeaciones de los innumerables actividades y deseaba que su trabajo fuera reconocido por lo menos con una palabra que podría sonar muy hermosa. Pero ni siquiera gracias, ni Mú.

 

Y continuaron Gilberto Cerón y Jaime Ruiz Montes y lograron concretar una exposición sin curaduría en la que participarían los amigos del pintor y algunos invitados. Resultó ser, no un Homenaje a Obregón donde se expresara el espíritu obregoniano sino un culto al mismo Cerón, con un poema incluido, actores, bailarinas, cuerpos desnudos, cantos, danzas.

 

La exposición fue inaugurada por el poeta, escritor y editor bogotano Juan Gustavo Cobo Borda quien realizó una excelente y breve presentación del espíritu obregoniano.

 

En la exposición participaron obras de cuarenta y dos artistas y asistieron muchos de ellos como: Ángel Alfaro, Margarita Ariza, Joaquín Barrios, Ángel Beccassino, Gilberto Cerón, Soraya Cristo, Eduardo Esparza, Rodrigo Fernández, Alejandro Hernández, Filomeno Hernández, Olga Lucía Jordán, Fernando Maldonado, Octavio Mendoza, Olivia Miranda, Gladys Ortiz, Darío Ortiz, Jaime Pinto, Iván Rickenmann, Andrés Santo Domingo y Ricardo Alipio Vargas.

 

Ángel Loochkartt recibió la dirección de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico de manos de Obregón. Loochkartt fue el único ser humano que logró ganarle los pulsos de brazo al toro Obregón. En todas las posiciones: sobre una mesa, con la mano derecha, con la mano izquierda, en el suelo. A Obregón, quien según cuenta García Márquez, tumbó de una trompada a un regimiento de marineros suecos en un burdel de Cartagena.

 

Alejandro Obregón y Fernando Botero, los mejores y originales pintores colombianos no son graduados de ninguna academia ni tienen títulos rimbombantes. Pero hicieron escuela. Esto demuestra que para ser pintor no hay que ser graduado en Artes Plásticas ni ostentar doctorados ni sustentar teorías ajenas a la expresión personal. Y se puede sospechar que la educación artística también es un negocio que produce muchos artistas y muy pocos pintores. Un negocio como la religión, la política, la banca, las drogas, las multinacionales y las armas.

 

Obregón es fuego al viento, color a raudales, tormenta tropical, cordilleras y atmósferas andinas que hielan la sangre de los cachacos acostumbrados a la atmósfera gris de los páramos.

 

Obregón fue director de la Escuela de Bellas Artes del Atlántico que entregó al pintor Ángel Loochkartt, el gestor de la iniciativa de su homenaje que no pudo concluir por desafectos mutuos con los imposibles cómplices.

 

Obregón es el primer gran pintor colombiano y es de todos y de nadie en particular, ni siquiera de sus hijos que tuvo con diferentes mujeres. Obregón es el rey de la imaginación y el despertador de la bobería que dormía en el ambiente con su peso narrativo y literario. Impregnaba de aura poética todo lo que pintaba, fauna y flora doméstica y salvaje con sus características de fuerza, velocidad, violencia y libertad, seres que navegan en mares aburridos acariciados por brisas y exaltados por tormentas tropicales con su áurea de tragedia y belleza terrorífica, volcanes que vomitan fuego plantados en las majestuosas cordilleras de América.

 

Las atmósferas de sus pinturas envuelven la intimidad de su entorno cotidiano como objetos, bestias mitológicas, sus felinos consentidos, flores carnívoras y la tristeza infinita de la eterna tragedia de violencia, muerte y llanto de la especie humana asesinada por seres malignos y terroríficos que asombran por su eficiente maldad.

 

Pinturas que atrapan como las piernas de una hermosa domadora de fieras.

 

Obregón con las armas de la pintura denunció a la bestia humana, responsable siniestra de una sociedad violenta de espíritu mortífero y hedor a cadaverina.

 

Francisco Gil Tovar en su libro El Arte Colombiano dice: “Obregón es el padre de la pintura moderna en Colombia cuyos valores pictóricos se elevan por encima de mensajes e ideologías…”.

 

Tiene muchos imitadores de esos que no tienen estilo propio y pertenecen a esa estirpe de parásitos que imitan las formas superiores de expresión y comportamiento y deambulan por galerías con su espíritu light que es para las meras vergüenzas.

 

Y nace la lobería artística descendiente del afán de trascendencia sin esfuerzo propio que trae como consecuencia una expresión denigrante.

 

Germán Rubiano Caballero en la Historia del Arte Colombiano de Salvat Editores dice: “Arte Internacional es el mismo que se hace en las grandes capitales del arte; el mismo que se divulga a través de las revistas de arte actual; el mismo que se presenta en las grandes bienales”.

 

Ningún artista latinoamericano ha triunfado sin nutrirse de los estilos o las tendencias del internacionalismo. El arte del nuevo continente esta ungido de naturaleza y la recrea con Rufino Tamayo, Wifredo Lam, Amelia Peláez y Alejandro Obregón entre otros.

 

Alejandro Obregón fue un captador de lo real maravilloso y su entorno poético. Como todos los creadores, inventó su propio mundo cuyas formas y tensiones producen placer estético. Formas que se revuelcan en orgías de color y movimientos orgásmicos y tempestuosos que plasman la madre tierra, sus accidentes geográficos y los crímenes de los espíritus malignos que apestan con su presencia.

 

No estaba en el lugar de los hechos, no era testigo real de los asesinatos de estudiantes, políticos, señoras y campesinos, hechos que amargan el espíritu de la bohemia, pero manifestaba su descontento con ira para convertirse en un ser que se asquea con una humanidad malparida.

 

Obregón fue un bohemio empedernido que se salió del espíritu aldeano de la república y lo azotó con furor.

 

Y siempre los amigos, como dice Juan Gustavo Cobo Borda: “cena, farra, burdel o casino, y siempre la soledad de quien se había casado cuatro veces y pintaba orgulloso sus hermosos hijos. Siempre, también, el devorar de nuevo el mundo tras la secreta, incitante, misteriosa conquista: la modelo, la esposa del político, la mujer del primo. Qué crónica exaltada la de éste caballero solo, en un país de hipócritas tartufos. Su misión por cierto no era la de escandalizar, sino la de pintar. Pero su fraterna relación con los poderosos de este parroquial mundo, de millonarios a toreros, lo situaba en una vorágine contradictoria de figura pública y de sigiloso lector de poesía  De trasnochador festivo y obrero riguroso en el límpido amanecer del otro día”.

 

En 1986, cuando los bandidos y apestosos políticos costeños le robaron a la Ciénaga Grande la  eterna compañía del mar, la ciénaga se transformó en un espectáculo mortuorio de peces asesinados, aves sin hogares y manglares podridos, como el alma de los asesinos de hombres y de la madre tierra.

 

Obregón, el gran pintor colombiano, reconocido y admirado por la plebe y los intelectuales de todas las pelambres, era sencillo y silencioso, no pontificaba y su ego no le permitía ser chicanero y prepotente como la manada de farsantes que inundan los mundos de la crítica y el arte.

 

Se elevó por encima de los paisajistas sabaneros y bucólicas escenas de los colonos antioqueños que tumbaron monte para construir sus feudos que se convirtieron en latifundios de insensibles bandidos.

 

Cobo Borda quien fue su amigo y tuvo la oportunidad de compartir sus aventuras y oír sus confesiones dice: “Su ademán fraterno. Qué fino tacto para seducir y acompañar, con fuerza y delicadeza. Para proteger y establecer claras distancias. Para disfrutar y hacerse respetar, en un país muy dado a la promiscua chabacanería y al imperio ya desde entonces visible de los medios de comunicación como vehículos del chisme y la nivelación por lo bajo. La ignorancia, que como decían las abuelas, sigue siendo atrevida”.

 

Pintar es producir aire con tierra, luz con materia, decía Obregón.

 

Sus esposas fueron muchas y sus amantes por montones. Y Silvana heredó el espíritu cordial y amoroso que no heredaron los otros.

 

Con Obregón conversé una hora, tiempo suficiente para aprender que en las curadurías de exposiciones colectivas y en las antologías pictóricas donde participan muchos artistas siempre hay que evitar los colados por afectos sexuales, familiares y económicos. Que los libros que uno escriba y los proyectos que uno se invente deben ser como el arte de tallar y el proceso de escribir: “Siempre hay que quitar lo que sobra” me decía el maestro como un buen asesor.

 

Si te quieres inmortalizar Fernando, con este libro de El Espíritu Erótico quita lo que sobra, me dijo con aire de maestro y cómplice.

 

Gastón Bettelli fue quien me consiguió la cita con Obregón en su casa de Cartagena. Me advirtió con absoluta certeza que por ningún motivo se me fuera a ocurrir proponerle ningún tipo de negocio.

 

Llegué a Cartagena en 1989, con mi machote del libro El Espíritu Erótico que estaba por terminar. Me mostró algunos falos precolombinos que le había regalado su hija Silvana y le conté con respeto y admiración, que a él lo había visitado de último para cerrar con broche de oro mi libro, después de tres años de investigación, gracias al pintor Armando Villegas quien me sugirió escarbar en el arte erótico y su historia en Colombia, país de rezanderos, amorales y dogmáticos.

 

Obregón miró el machote y me sugirió que quitara algunos de los artistas que no tenían el voltaje suficiente y que no estaban a la altura de los maestros que apoyaban el proyecto.

 

Le dije que era imposible pues ya había dado mi palabra. E insistió: “Suprime la mitad de los artistas que tienes en el libro. Así te quedará un libro exquisito”.

 

Y me dijo que su hija Silvana se pondría en contacto conmigo para coordinar la obra que él quería publicar en mi ambicioso proyecto editorial. Y así fue, Silvana me puso en contacto con Federico Moser, el dueño de la obra titulada Minotauro jugando con una muñeca, de 1986, que acompañé con este texto: Obregón a quien no le gusta pintar gente, desnudó a la diosa Bachué, mostró el sufrimiento y éxtasis de las violadas y ahora nos lleva al fantástico mundo de la mitología, el fetiche y las muñecas. Su minotauro, un volcán de lascivia con la fuerza de un toro de lidia, juega muy alegre con una muñeca que se vuelve real y da a luz a dos hermosos colores: el rosado sáfico y el azul penetrante.

 

Luego, al despedirme me insistió: “Fernando sigue mi consejo y elimina lo que sobra… Y publica algo del poeta Miguel Rasch Isla a quien no veo en la antología que me mostraste”.

 

Y hoy después de tantos años, ya en la edición corregida y disminuida de El Espíritu Erótico XXI sigo su consejo y publico estos fragmentos del poeta que sugirió el maestro.

 

    Ella ciñe los muslos vigorosos y plenos,

    Donde el sexo apremiado se defiende y recata,

    Mientras se contorsiona con lujurias de gata,

    Al roce de mis labios que la exploran obscenos.

 

Obregón hace parte de la saga de paisajistas que ha tenido importantes artistas en el contexto histórico colombiano como el boyacense Jesús María Zamora que nació en 1875, en el pueblo boyacense de Miraflores y murió en Bogotá, en 1949.

 

El género del paisaje como parte de un programa académico en Colombia se inició en la escuela de Bellas Artes de Bogotá en 1884, cuando la dirigía Luis de Llanos quien introdujo esta temática como un motivo pictórico. Los artistas convirtieron la naturaleza en un medio expresivo para plasmar los valores y costumbres de su realidad.

 

Luis de Llanos murió en 1894 y fue sustituido por Andrés de Santa María quien motivó a los alumnos a utilizar el color con pinceladas que plasmaran los efectos atmosféricos. Y Fidolo Alfonso González Camargo se apropió de algunos recursos del impresionismo.

 

En 1909 se creó en Bogotá la Sociedad Colombiana de Bellas Artes que cerró actividades en 1913.

 

En 1920 se fundó el Círculo de Bellas Artes que funcionó hasta 1922. Los miembros de este círculo salían todos los domingos a pintar al aire libre como lo hacían los impresionistas en el bosque de Fontainebleu y en las costas de Normandía cuando todavía la vida era placentera y los amigos realizaban excursiones al río para tomar unos vinos en buena compañía.

 

Entre 1930 y 1940 en Colombia se enfatizó en la utilización del paisaje para exaltar la cotidianidad y el espíritu de la patria influido por el hispanismo que rondaba en el ambiente, pues la Academia de Bellas Artes de Bogotá estaba influida por los conductismos de la academia de San Fernando de Madrid. Nada permanece por siempre, ni la materia oscura, ni los agujeros negros, ni las galaxias, ni los sistemas, ni los imperios, ni las ideologías, ni los dioses humanizados.

 

El infinito y misterioso espíritu del universo ha sido contemplado por mirones de gran imaginación que perciben espacios habitados por marañas de vibraciones cromáticas.

 

El cosmos es para penetrarlo en un orgasmo frenético y la madre tierra es una partícula desmadrada e imprevisible conquistada por el éxtasis y la alquimia de la pintura.

 

La naturaleza es bella, extraña, fértil y excitante fábrica de atmósferas, aureola de colores y estallido de luces y sombras pintadas con oxigeno y nitrógeno, fuente inagotable de sensaciones y formas cambiantes y caprichosas modeladas por los vientos que insinúan los velos que cubren los misterios, es la madre que todo lo da y todo lo quita, implacable como el hombre, cambia, tiembla, grita, llora, ríe, vomita fuego, esparce agua al viento, se contorsiona en éxtasis por la belleza que transmite su destrucción creadora.

 

Para algunos es tan bella que es inatrapable. Para otros es tan fea que hay que mejorarla, poetizarla.

 

Los ecosistemas pictóricos de Alejandro Obregón son cordilleras de niebla y de silencio, rugidos de vientos, ciclones que azotan con fuerza silenciados en la pintura y que emergen como tempestades de color.

 

Fuerza descomunal, combate de formas en medio de armonías, energía pura, átomos en acción, partículas subatómicas desmadradas en un caos organizado. Los Andes invitan a compartir su inmensidad tenebrosa, sus auroras, sus ocasos y las alturas inmensas que enfrían hasta los sentimientos.

 

Dicen que el mar tiene muchos vientos, y que Salvador Dalí conocía todos los de la trasmontana; y que Alejandro Obregón conocía todos los del mar Caribe y todos los vientos que hielan la sangre.

 

Expresionismo y magia.

 

“En lugar de tratar de reproducir exactamente lo que tengo ante mí vista, uso el color de la manera más arbitraria para expresarme con fuerza”, dice Van Gogh. Obregón es signos y sugerencias que trascienden el paisaje tropical y alcanza estructuras evocadoras, formas singulares e imágenes cargadas de remembranzas.

 

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